La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.12
Indice General
|
Volver
Página 12 de 145
No, Hastings; lo que me atrae sobre todo es el estudio de los caracteres. Me entusiasma poder estudiar a lord Edgware en la mayor intimidad.
-¿Y esperas salir triunfante de la misión que te han encomendado?
-Pourquoi pas? Todo hombre tiene sus flaquezas, pero no creas que porque estudie el caso desde un punto psicológico no he de hacer cuanto pueda para salir airoso de la comisión que se me ha encargado. Claro está que me distrae mucho ejercitar el ingenio.
-Así, ¿iremos mañana, a las once, a Regent Gate? -pregunté.
-¿Iremos...?
Poirot levantó burlonamente las cejas.
-¡Poirot! -grité-. No querrás prescindir de mí, ¿verdad? Siempre he ido contigo a todas partes.
-Si se tratase de un crimen misterioso, de un envenenamiento, de un asesinato, ¡ah!, son cosas con las que tu alma se deleitaría. Pero un simple asunto de sociedad...
-No hablemos más -dije con firmeza-. Iré contigo, y basta.
Poirot me miró suavemente, y en aquel momento nos avisaron de que un caballero deseaba vernos.
Con profundo asombro nos encontramos con que el visitante era Bryan Martin.
El actor parecía mucho más viejo a la luz del día. Era guapo, pero de una belleza marchita. Se advertía en él una especie de hiperestesia nerviosa que hacía suponer que era esclavo de las drogas.
-Buenos días, monsieur Poirot -dijo con gran cortesía-. Veo que están ustedes almorzando. Lamento haberles interrumpido, pues acaso estarán muy ocupados.
-No -dijo Poirot, sonriendo amablemente-. De momento no tenemos ningún asunto de importancia entre manos.
-¡Qué cosa más rara! -dijo sonriendo Bryan-. ¿Ningún aviso de Scotland Yard? ¿Ninguna investigación delicada por cuenta de la casa real? Es increíble.
-Usted, amigo mío, confunde la ficción teatral con la realidad -dijo Poirot, mientras asomaba a sus labios una sonrisa-. Por el momento, como le he dicho, no tengo ningún trabajo. Dieu merci.
-Bueno, eso es una suerte para mí -dijo Bryan, sonriendo a su vez-. Acaso quiera usted encargarse de algún asunto mío.
Poirot miró atentamente al joven.
-¿Tiene usted algún trabajo para mí? -preguntó al cabo de unos momentos.
-Bueno..., le diré. Lo tengo y no lo tengo.
Esta vez la sonrisa que asomó a sus labios era más bien nerviosa. Mientras le miraba pensativamente, Poirot le ofrecía una silla. El joven se sentó frente a nosotros, pues yo lo había hecho junto a Poirot.
-Ahora -dijo mi amigo- explíquenos de qué se trata.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-145
|