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La mina perdida (Agatha Christie) - pág.7

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Logramos salir con bien del lugar tras pagar generosamente por nuestras pipas. Una vez lejos de Limehouse, Pearson respiró profundamente.
-Me alegro de haberme salido de ello -dijo mi acompañante-. Pero es importante saberlo de seguro.
-Vaya si lo es -dije yo-. Y me figuro que ya no habrá dificultad en encontrar lo que queremos... después de la mascarada de esta noche.



-Y en efecto no la hubo en absoluto -concluyó Poirot de repente.
Este final inesperado parecía tan extraordinario que le miré con asombro.
-Pero... pero ¿dónde estaban los documentos? -le pregunté.
-En su bolsillo... tout simplement.
-Pero, ¿en el bolsillo de quién?
-Del señor Pearson, parbleu!
Luego, dándose cuenta de mi expresión desconcertada, continuó con suavidad:
-¿No lo ve aún? El señor Pearson, lo mismo que Charles Lester, tenía deudas. El señor Pearson, lo mismo que Charles Lester, era muy aficionado al juego. Y concibió la idea de robarle los documentos al chino. Por supuesto, se encontró con él en Southampton, le acompañó a Londres y le condujo directamente a Limehouse. Era un día neblinoso; Wu Ling no podía darse cuenta de hacia donde se dirigían. Me imagino que el señor Pearson fumaba opio con bastante frecuencia en aquel lugar y en consecuencia tenía algunos amigos poco recomendables. No creo que pensara en asesinarle. Su plan consistía en que uno de los chinos se hiciera pasar por Wu Ling y recibiera el dinero de la venta de los documentos. ¡Hasta aquí, perfecto! Pero, para la mentalidad oriental, era muchísimo más sencillo matar a Wu Ling y arrojar su cuerpo al río, y los cómplices chinos de Pearson emplearon sus propios procedimientos sin consultarle. Imagínese, entonces, «el canguelo», como usted diría, del señor Pearson. Quizás alguien le había visto en el tren con Wu Ling... un asesinato es una cosa muy distinta a un simple secuestro.
Su salvación depende del chino que está representando el papel de Wu Ling en el Hotel Plaza Russell. ¡Si al menos se tardara en descubrir el cadáver! Probablemente Wu Ling le había mencionado lo convenido con Charles Lester, es decir, que este último pasaría a recogerlo al hotel. Pearson ve en ello el modo de desviar las sospechas que pudiera despertar su persona. Charles Lester será el último en ser visto en compañía de Wu Ling. El chino que debe hacerse pasar por Wu Ling recibe órdenes de presentarse a Lester como el criado de aquél, y conducirle, sin pérdida de tiempo, a Limehouse.


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