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La herencia de los Lemesurier (Agatha Christie) - pág.10

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Pero su triunfo fue de breve duración porque sufría una enfermedad incurable. Además alimentaba una idea fija, una idea de loco: la de que su hijo no podría heredar. Sospecho que el accidente del baño se debió a él. Seguramente animaría al pequeño a que llegase cada vez más lejos. Al fracasar esta tentativa cortó la hiedra y después envenenó el alimento de Ronald.
-¡Es diabólico! -murmuré con un escalofrío-. ¡Y qué hábilmente planeado!
-Sí, mon ami, no existe nada tan sorprendente como la extraordinaria inteligencia de los locos. No hay nada que pueda compararse a ella, sólo la excentricidad de los cuerdos.
-Y pensar que sospeché hasta de Roger, este buen amigo...
-Era natural, mon ami. Nosotros sabíamos que acompañó a Vicente en su viaje al Norte. Sabíamos también que después de Hugo y de los hijos de Hugo era el legítimo heredero. Pero los hechos dieron al traste con estas suposiciones. No se cortó la hiedra más que cuando el pequeño Ronald estaba en casa... el interés de Roger hubiera exigido que los dos hermanitos perecieran. De la misma manera que fue sólo Ronald el envenenado. Y hoy, cuando volvieron a casa y me di cuenta de que solamente bajo palabra de su padre había que creer que Ronald fue picado por una abeja, recordé la otra muerte y supe quién era el asesino.
Hugo Lemesurier murió varios meses después en una casa de salud a la que fue trasladado. Su viuda volvió a casarse con míster Gardiner, el secretario de los cabellos color de cobre. Ronald heredó los acres de su padre y continúa floreciendo.
-Bien, bien -observé dirigiéndome a Poirot-. Otra ilusión que se desvanece. Usted ha concluido con la maldición que pesaba sobre los Lemesurier.
-¿Quién sabe? -repuso pensativo el detective-. Quién sabe...
-¿Qué quiere decir?
-Voy a contestar, mon ami, con una sola y significativa palabra: ¡rojo!
-¿Sangre? -interrogué aterrado, bajando la voz instintivamente.
-¡Qué imaginación tiene tan melodramática, Hastings! Me refería a algo más prosaico: al color de los cabellos del pequeño Ronald.

FIN


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