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La casa del ídolo de Astarté (Agatha Christie) - pág.2

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-Creo -dijo Raymond- que deberíamos dejar que el doctor Pender continuara su historia.
Joyce se puso en pie para apagar las dos lámparas, dejando la habitación iluminada solamente por el resplandor de las llamas.
-Atmósfera -explicó-. Ahora podemos continuar.
El doctor Pender le dirigió una sonrisa y, tras acomodarse en su butaca y quitarse las gafas, comenzó su relato con voz suave y evocadora.
-Ignoro si alguno de ustedes conocerá Dartmoor. El lugar de que les hablo se halla situado cerca de los límites de Dartmoor Era una preciosa finca, aunque estuvo varios años en venta sin encontrar comprador Tal vez resulta algo apartada en invierno, pero la vista es magnífica y la casa misma posee características ciertamente curiosas y originales. Fue adquirida por un hombre llamado Haydon, sir Richard Haydon. Yo lo había conocido en la universidad y, aunque le perdí de vista durante algunos años, seguíamos manteniendo lazos de amistad y acepté con agrado su invitación de ir al Bosque Silencioso, como se llamaba su nueva propiedad.


-La reunión no era muy numerosa. Estaba el propio Richard Haydon, su primo Elliot Haydon y una tal lady Mannering con su hija, una joven pálida e inconspicua, llamada Violeta. El capitán Rogers con su esposa, buenos jinetes, personas curtidas que sólo vivían para los caballos y la caza. En la casa estaba también el joven doctor Symonds y miss Diana Ashley. Yo había oído algo sobre esta última. Su fotografía aparecía a menudo en las revistas de sociedad y era una de las bellezas destacadas de la temporada. Desde luego era realmente atractiva. Morena, alta, con un hermoso cutís de tono crema pálido y unos ojos oscuros y rasgados que le daban una pícara expresión oriental. Poseía además una maravillosa voz, profunda y musical.
-Vi en seguida que mi amigo Richard Haydon estaba muy interesado por la muchacha y deduje que aquella reunión había sido organizada únicamente por ella. De los sentimientos de ella no estaba tan seguro. Era caprichosa al conceder sus favores. Un día hablaba con Richard como si los demás no existiéramos y, al otro, el favorito era su primo Elliot y no parecía notar la existencia de Richard, para acabar dedicándole sus más seductoras sonrisas al tranquilo y retraído doctor Symonds.
-La mañana que siguió a mi llegada, nuestro anfitrión nos mostró el lugar. La casa en sí no era nada extraordinaria, y estaba sólidamente construida con granito de Devonshire para resistir las inclemencias del tiempo.


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