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La caja de bombones (Agatha Christie) - pág.9

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Sin proferir palabra salió de la estancia. Unos minutos más tarde regresó con la dirección anotada en una hoja de papel. Abandoné la casa. François me esperaba en la calle. Me miró con ansiedad.
-¿Hay noticias, monsieur?
-Ninguna todavía, amigo mío.
-¡Ah! ¡Pauvre monsieur Déroulard! -suspiró-. Yo también compartía sus ideas. No me gustan los curas. Pero no diría algo así en la casa. Todas las mujeres son muy devotas... y quizá sea mejor. Madame est tres pieuse... et mademoiselle Virginie aussi.
Mademoiselle Virginie? ¿Ella "tres pieuse"? Al recordar aquel rostro apasionado bañado en lágrimas de nuestra primera entrevista me extrañó.
Tras haber obtenido la dirección del señor de Saint Alard no perdí el tiempo. Llegué a las inmediaciones de su castillo en las Ardenas, pero tuve que aguardar varios días hasta dar con el pretexto que me permitiese la entrada en la casa. Al final lo conseguí. ¿Se imagina cómo? ¡Pues nada menos que como fontanero, mon ami! Fue cuestión de un momento provocar un pequeño escape de gas en su dormitorio. Salí en busca de mis herramientas y tuve buen cuidado de volver con ellas a una hora en que me constaba que tendría el campo libre. Casi ni yo mismo sabía lo que buscaba. No creía en la posibilidad de encontrar algo comprometedor. Él jamás habría corrido el riesgo de guardarlo.
Con todo, cuando vi un armario, cerrado, encima del lavabo, no pude resistir la tentación de saber lo que contenía. Fue un juego de niños abrirlo con una ganzúa. Al abrir la puerta descubrí que estaba repleto de viejos frascos. Los inspeccioné uno a uno con mano temblorosa. De repente proferí un grito. Imagínese, amigo mío, tenía en la mano un frasquito con la etiqueta de una farmacia inglesa, en la que figuraba escrito: Comprimidos de trinitrina. Tomar uno en caso necesario. Mr. John Wilson.
Dominando mi emoción, cerré el armarito, guardé el frasco en mi bolsillo ¡y me puse a reparar el escape de gas! Se ha de ser metódico. Luego abandoné el castillo y tomé el primer tren que salía para mi país. Llegué a Bruselas muy avanzada la noche. A la mañana siguiente estaba redactando un informe para el préfet cuando me pasaron una nota. Provenía de la anciana madame Déroulard, requiriéndome para que me personara sin demora en la casa de la Avenue Louise.
Me abrió la puerta François.
-Madame la Baronne le espera.


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