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La caja de bombones (Agatha Christie) - pág.6

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Di las gracias a François, encareciéndole una vez más que se mostrara discreto, y abandoné la casa de la Avenue Louise precipitadamente.
Acto seguido fui a visitar al doctor que asistió al señor Déroulard. Mi entrevista con él no fue nada fácil. Se parapetó tras un muro de docta fraseología, pero tuve la impresión de que no estaba tan seguro del caso como pretendía.
-Han ocurrido infinidad de incidentes de este tipo -dijo, tras haber logrado que se confiara un poco-. Un repentino acceso de furor, una emoción violenta, tras una copiosa cena, c´est entendu, entonces, con el berrinche, la sangre fluye a la cabeza, y ¡zas..., ya está!
-Pero el señor Déroulard no fue presa de ninguna emoc¡ón violenta.
-¿No? Me cercioré de que había sostenido un tremendo altercado con el señor de Saint Alard.
-¿A qué se debió?
-C´est évident! -El doctor se encogió de hombros-. ¿Acaso el señor de Saint Alard no era un católico fanático? La amistad que existía entre ambos se resentía por causa de esa cuestión entre Iglesia y Estado. No pasaba un día sin que surgieran discusiones. Para el señor de Saint Alard, su amigo Déroulard casi le parecía el Anticristo.
Esto era inesperado y me dio materia para reflexionar.
-Una pregunta más, doctor: ¿sería posible introducir una dosis fatal de veneno en un bombón?
-Es posible, supongo -dijo el doctor lentamente-. Ácido prúsico puro sería lo adecuado, siempre que no hubiera posibilidad de evaporación, y una diminuta píldora de cualquier cosa podría ser tragada sin notarla... pero no me parece plausible. Un bombón lleno de morfina o de estricnina... -Hizo una mueca-. Comprenda, señor Poirot, ¡bastaría un mordisco! La persona engañada no podría permitirse hacer cumplidos.
-Gracias, monsieur le Docteur.
Salí. Luego hice averiguaciones en varias farmacias, sobre todo en aquellas que se hallaban cerca de la Avenue Louise. Es estupendo pertenecer a la policía. Obtuve la información que deseaba sin ninguna dificultad. Sólo en un caso me respondieron haber despachado un veneno destinado a la casa en cuestión. Se trataba de unas gotas para los ojos, compuestas de sulfato de atropina, para la señora Déroulard. La atropina es un veneno poderoso, y por un instante me sentí optimista, pero los síntomas de un envenenamiento por atropina son muy semejante a los causados por ptomaína, y no se asemejan en nada a los que estaba estudiando. Además, la receta databa de mucho tiempo atrás.


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