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El rey de bastos (Agatha Christie) - pág.8

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-Sí, es posible. Pero no podía pedir a nadie que me acompañara y estaba desesperada. Reedburn me recibió en la biblioteca. ¡Celebro que haya muerto! ¡Oh, qué hombre! Jugó conmigo como el gato y el ratón. Me puso los nervios en tensión. Yo le rogué, le supliqué de rodillas, le ofrecí todas mis joyas. ¡Todo en vano! Luego me dictó sus condiciones. Me negué a complacerle. Le dije lo que pensaba de él, rabié, me encolericé. Él sonreía sin perder la calma. Y de pronto, en un momento de silencio, sonó algo en la ventana, tras de la cortina cerrada. Reedburn lo oyó también. Se acercó a ella y la descorrió rápidamente. Detrás había un hombre escondido, era un vagabundo de feo aspecto. Atacó a míster Reedburn, al que dio primero un golpe... luego otro. Reedburn cayó al suelo. El vagabundo me asió entonces con la mano cubierta de sangre, pero yo me desasí, me deslicé al exterior por la ventana y corrí para salvar la vida. En aquel momento distinguí las luces de esta casa y a ella me encaminé. Los visillos estaban descorridos y vi que los habitantes de la casa jugaban al bridge. Yo entré, tropezando, en el salón. Recuerdo solamente que pude gritar: «asesinado», y luego caí al suelo y ya no vi nada...
-Gracias, mademoiselle. El espectáculo debió constituir un gran choque para su sistema nervioso. ¿Podría describirme al vagabundo? ¿Recuerda lo que llevaba puesto? ¿Cómo iba vestido?
-No. Fue todo tan rápido... Pero su rostro está grabado en mi pensamiento y estoy segura de conocerle en cuanto le vea.
-Una pregunta todavía, mademoiselle. ¿Estaban corridas las cortinas de la otra ventana, de la que mira a la calzada?
En el rostro de la bailarina se pintó por vez primera una expresión de perplejidad. Pero trató de recordar con precisión.
-¿Eh, bien, mademoiselle?
-Creo... casi estoy segura... ¡sí, segurísima!, de que no estaban corridas.
-Es curioso, sobre todo estando corridas las primeras. No importa, la cosa tiene poca importancia. ¿Permanecerá todavía aquí mucho tiempo, mademoiselle?
-El doctor cree que mañana podré volver a la ciudad.
Valerie miró a su alrededor. Miss Oglander había salido.
-Estas gentes son muy amables, pero... no pertenecen a mi esfera. Yo las escandalizo y ellas... bien, no simpatizo con la bourgeoise.
Sus palabras tenían un matiz de amargura.
Poirot repuso:
-Comprendo y confío en que no la habré fatigado con mis preguntas.


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