El pudding de navidad (Agatha Christie) - pág.27
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Se dominó pronto y dijo:
-Creo..., monsieur Poirot... ¿Podría usted ayudarnos? Ha ocurrido una cosa horrible.
-¿Qué ha ocurrido algo? Pero, ¿qué?
-Es... es Bridget. Está ahí fuera, en la nieve. Creo que... no se mueve ni habla y... será mejor que venga y lo vea por sí mismo. Tengo un miedo terrible de que... de que esté muerta.
-¿Qué? -Poirot echó a un lado la ropa de la cama-. ¡Mademoiselle Bridget... muerta!
-Creo que... creo que la han asesinado. Hay... hay sangre y... ¡ay, venga, venga, por favor!
-Naturalmente. Naturalmente. Voy en seguida.
Poirot metió los pies en los zapatos y se puso un abrigo de forro de piel sobre el pijama.
-Voy -dijo-. Voy al momento. ¿Habéis despertado a la familia?
-No, no. No se lo he dicho a nadie todavía más que a usted. Me pareció mejor. Los abuelos no se han levantado todavía. Están poniendo la mesa para el desayuno abajo; pero no le he dicho nada a Peverell. Ella... Bridget está al otro lado de la casa, cerca de la terraza y de la ventana de la biblioteca.
-¡Ah! Id delante. Yo os sigo.
Volviendo la cara hacia otro lado para ocultar su sonrisa satisfecha, Colin bajó las escaleras delante de los demás. Salieron por la puerta lateral. Era una mañana clara y el sol todavía no estaba muy alto. Había nevado mucho durante la noche y todo estaba cubierto por una alfombra ininterrumpida de espesa nieve. El mundo parecía muy puro, blanco y hermoso.
-¡Allí! -dijo Colin conteniendo la respiración-. ¡Allí es!
Señaló dramáticamente con el dedo.
La escena era de lo más dramática. A unos metros de distancia, yacía Bridget sobre la nieve. Llevaba puesto un pijama rojo y una estola de lana blanca alrededor de los hombros. La estola blanca estaba manchada de rojo. Tenía la cabeza vuelta hacia un lado y oculta bajo la masa extendida de sus cabellos negros. Uno de los brazos estaba debajo del cuerpo y el otro extendido, con los dedos apretados.
Del centro de la mancha carmesí sobresalía el puño de un cuchillo curdo que el coronel Lacey había mostrado a sus invitados la noche anterior.
-Mon Dieu! -dijo Poirot-. ¡Parece de teatro!
Michael hizo un pequeño ruido, como si se asfixiara. Colin acudió inmediatamente en su ayuda.
-Es cierto -dijo-. Tiene algo que no... parece real, ¿verdad? ¿Ve usted esas pisadas? Supongo que no podremos tocarlas.
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