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El pudding de navidad (Agatha Christie) - pág.25

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Le han hecho una operación. El primer día que estuvo aquí parecía que estaba bien, pero aquel mismo día, después de batir los puddings, se volvió a poner mala y desde entonces ha estado siempre en la cama. ¡Seguro que se habrá levantado demasiado pronto, después de la operación! ¡Ay, estos médicos de ahora le echan a uno del hospital cuando casi no puede uno sostenerse en pie! La mujer de mi sobrino...
Y la señora Ross se metió en una larga y animada relación del tratamiento recibido por sus parientes en los hospitales, comparándolo desfavorablemente con la consideración que habían tenido con ellos en otros tiempos.
Poirot hizo los oportunos comentarios de condolencia.
-Sólo me queda -dijo- darle las gracias por esta exquisita y suculenta comida. ¿Me permite una pequeña muestra de mi agradecimiento?
Un billete nuevo de cinco libras pasó de su mano a la de la señora Ross, que dijo por pura fórmula:
-No debía usted hacer esto, señor.
-Insisto. Insisto.
-Bueno, señor, pues muchas gracias -La señora Ross aceptó el tributo como homenaje merecido-. Le deseo, señor, unas felices Pascuas y próspero Año Nuevo.


CAPITULO V


EL final del día de Navidad fue muy parecido al final de la mayoría de los días de Navidad. Se encendió el árbol y a la hora del té se sirvió una espléndida tarta de Navidad, que fue recibida con elogios, pero de la que se comió moderadamente. A última hora se sirvió una cena fría.
Poirot y sus anfitriones se fueron temprano a la cama.
-Buenas noches, monsieur Poirot -dijo la señora Lacey-. Espero que se haya divertido.
-Ha sido un día maravilloso, señora. Maravilloso.
-Parece que está usted muy pensativo -añadió la señora Lacey.
-Estoy pensando en el pudding de Navidad.
-¿A lo mejor lo encontró usted un poco pesado? -preguntó la dama con delicadeza.
-No, no. No hablo gastronómicamente. Estoy pensando en su significado.
-Desde luego, es una tradición -dijo la señora Lacey-. Bueno, buenas noches, monsieur Poirot, y no sueñe demasiado con puddings de Navidad y empanadas de frutas secas.
-Sí -murmuró Poirot para sí, mientras se desnudaba-. Ese pudding es un problema. Hay algo aquí que no comprendo en absoluto -meneó la cabeza con irritación-. Bueno, ya veremos.
Después de algunos preparativos, Poirot se acostó, pero no se durmió.
Unas dos horas más tarde, su paciencia fue recompensada. La puerta de su dormitorio se abrió muy suavemente.


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