El pudding de navidad (Agatha Christie) - pág.17
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Un cadáver y unas pisadas..., tendremos que pensarlo muy bien todo y coger una de las dagas del abuelo y verter un poco de sangre.
Se separaron y, sin darse cuenta de que empezaba a nevar copiosamente, se metieron en una animada discusión.
-Hay una caja de pintura en la antigua sala de estudios. Podríamos hacer una mezcla para la sangre..., creo que carmesí iría bien.
-Yo creo que el carmesí es demasiado rosado -dijo Bridget-. Habría de ser un poco más castaño.
-¿Quién va a ser el cadáver? -preguntó intrigado Michael.
-Yo -se ofreció Bridget rápidamente.
-Oye, que yo fui el de la idea -dijo Colin.
-No, no -volvió a insistir Bridget-. Tengo que ser yo. Tiene que ser una chica. Es más emocionante. Hermosa muchacha yace sin vida en la nieve...
-¡Hermosa muchacha! Ja, ja -se burló Michael.
-Además, tengo el pelo negro -dijo Bridget.
-¿Y eso que tiene que ver?
-Resaltaría mucho en la nieve; y me pondría mi pijama rojo.
-Si te pones un pijama rojo no se notarán las manchas de sangre -advirtió Michael, empleando un tono práctico.
-¡Pero resultaría de tanto efecto contra la nieve! -dijo Bridget-. Y además tiene listas blancas, de modo que podríamos verter la sangre en ellas. ¡Ay, sería bárbaro! ¿Creéis que le engañaremos?
-Si lo hacemos bien, sí -dijo Michael-. En la nieve sólo se verán tus pisadas y las de otra persona, acercándose al cadáver y luego marchándose..., pisadas de hombre, claro. No querrá estropear las pisadas, de modo que no sabrá que no estás muerta de verdad. ¿Oíd, creéis que...? -se detuvo, asaltado por una idea repentina. Los otros dos le miraron-. ¿Creéis que se enfadará, verdad?
-No, no creo -repuso Bridget con optimismo-. Estoy segura que comprenderá que lo hemos hecho para entretenerle. Una especie de regalo de Navidad.
-Me parece que no estaría bien hacerlo el día de Navidad -dijo Colin, reflexivo-. No creo que al abuelo le gustara mucho.
-Pues el veintiséis, entonces -dijo Bridget.
--Sí, el veintiséis será estupendo -dijo Michael.
-Así además nos dará más tiempo -prosiguió Bridget-. Hay que tener en cuenta que es necesario preparar un montón de cosas. Vamos a ver los trastos.
Entraron precipitadamente en la casa.
CAPITULO III
La tarde fue muy movida. Habían traído grandes cantidades de acebo y de muérdago y en un extremo del comedor fue instalado un árbol de Navidad.
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