El pudding de navidad (Agatha Christie) - pág.13
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Le pareció un poco nerviosa y su actitud algo retadora, pero mostraba verdadero cariño por su abuela.
-Y éste es el señor Lee-Wortley.
El señor Lee-Wortley llevaba un jersey de punto inglés y pantalones negros de dril, muy ceñidos; tenía el pelo bastante largo y no parecía que se hubiera afeitado aquella mañana. Contrastaba con él el joven presentado como David Welwyn, macizo y silencioso, con una sonrisa agradable y al parecer muy aficionado al agua y al jabón. Había otra persona más, una muchacha guapa, de mirada intensa, presentada como Diana Middleton.
Trajeron el té, una comida fuerte a base de tortas, bollos, bocadillos y tres clases de cake. La gente menuda hizo a todo los debidos honores. El coronel Lacey llegó el último, observando con voz indiferente:
-¿Qué, té? ¡Ah, sí, té!
Cogió la taza de té de manos de su mujer, se sirvió dos tortas, dirigió una mirada de odio a Desmond Lee-Wortley y se sentó tan lejos de él como le fue posible. Era un hombre voluminoso, de cejas pobladas y rostro rojo y curtido. Parecía un campesino, más que el señor de la casa.
-Ha empezado a nevar -dijo-. Tendremos unas Navidades blancas.
Después del té, la reunión se disolvió.
-Supongo que ahora irán a jugar con sus cintas magnetofónicas -explicó la señora Lacey a Poirot, mirando con indulgencia a su nieto, que salía de la habitación. Igual tono habría empleado de decir: «Los niños van a jugar con sus soldaditos de plomo»-, se sienten muy atraídos por la técnica y se dan mucha importancia con todo eso.
Sin embargo, los chicos y Bridget decidieron ir al lago a ver si podían patinar sobre el hielo.
-Yo creo que podíamos haber patinado esta mañana -dijo Colin-, pero el viejo Hodgkins dijo que no. ¡Es de una prudencia!
-Vamos a dar un paseo, David -propuso Diana Middleton suavemente.
David titubeó un momento, con la vista fija en la cabeza pelirroja de Sarah; ésta se hallaba junto a Desmond Lee-Wortley, con una mano apoyada en su brazo y la mirada levantada hacia él.
-Está bien -dijo seguidamente David Welwyn-. Sí, vamos.
Diana deslizó una mano por el brazo de David y se volvieron hacia la puerta del jardín. Sarah dijo
-¿Vamos también nosotros, Desmond? Aquí está el aire viciadísimo.
-¿A quién se le ocurre andar? -dijo Desmond-. Sacaré el coche. Vamos al Speckley Boar a tomar una copa.
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