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El pudding de navidad (Agatha Christie) - pág.11

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Yo creo que estuvo muy bien el que Desmond se preocupara de su hermana. Y no le dio importancia, como si no estuviera haciendo algo estupendo. Creo que ella es taquimecanógrafa; trabaja en una oficina en Londres. Desmond ha cumplido su palabra y le sube las bandejas con la comida. No siempre, claro, pero sí muchas veces. De modo que creo que algunas buenas cualidades, sí las tiene. Pero de todos modos -añadió con gran energía- no quiero que Sarah se case con él.
-Por todo lo que me han dicho de él sería un desastre completo.
-¿Cree usted que podría hacer algo por ayudarnos? -preguntó ansiosamente la dama.
-Creo que sí, que es posible, pero no quiero prometer demasiado, porque los tipos como Desmond Lee-Wortley son inteligentes. Pero no desespere. Es posible que pueda ayudar un poquito. De todos modos, haré todo lo que esté en mi mano, aunque sólo fuera en agradecimiento a su bondad al invitarme a pasar con ustedes las fiestas navideñas -miró a su alrededor-. Y que no será fácil en estos tiempos organizar festejos.
-No es fácil, no -la señora Lacey suspiró. Se inclinó hacia delante-. ¿Sabe usted, monsieur Poirot, con lo que sueño, lo que de verdad me gustaría tener?
-No, dígame.
-Lo que deseo de verdad es tener una casita moderna, de un solo piso. Bueno, puede que de un solo piso no, pero pequeña y que fuese fácil de gobernar, construida en algún rincón del parque, con una cocina provista de todos esos adminículos que ahora se estilan y sin pasillos largos.
-Es una idea muy factible.
-Para mí no lo es -dijo la señora Lacey-. Mi marido está enamorado de esta casa. Le encanta vivir aquí. No le importa estar un poco incómodo, no le importan los inconvenientes y odiaría, sí, odiaría vivir en una casita moderna en el parque.
-¿De modo que se sacrifica usted a sus deseos?
La señora Lacey se enderezó.
-No lo considero un sacrificio, monsieur Poirot -dijo-. Me casé con mi marido decidida a hacerle feliz. Ha sido un buen marido y me ha hecho muy dichosa durante todos estos años y quiero que él también lo sea.
-De modo que continuarán viviendo aquí -dijo Poirot.
-No es tan sumamente incómoda -advirtió la señora Lacey.
-No, no -se apresuró a decir Poirot-. Al contrario, es de lo más confortable. La calefacción central y el agua caliente del baño son perfectas.


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