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El misterio del jarrón azul (Agatha Christie) - pág.14

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El médico actuaba como si su sugerencia fuera la cosa más natural del mundo.
-¿Cuándo podrá conseguir el jarrón? -preguntóle Felisa volviéndose hacia él.
-Mañana -replicó el joven de mala gana.
Tenía que acabar de una vez con aquello, pues aquel agonizante gritó de socorro que oyera cada mañana, era algo que había que desterrar para siempre y no volver a pensar en ello más de lo que fuese preciso.
Al día siguiente por la tarde fue a casa de su tío para llevarse el jarrón en cuestión. Estaba más convencido que nunca al verlo de nuevo, que era exactamente igual al de la acuarela, pero por más que lo miró no pudo descubrir que ocultara algún secreto.
Eran las once de la noche cuando él y Lavington llegaron a la Casa de los Brezos. Felisa les estaba esperando y les abrió la puerta antes de que llamaran.
-Pasen -les susurró-. Mi padre está durmiendo arriba y no debemos despertarle. Les he preparado un poco de café.
Les condujo a una pequeña salita muy coquetona, donde les sirvió unas tazas de café muy oloroso.
Luego Jack desenvolvió el jarrón azul y Felisa contuvo el aliento al verlo.
-Pues sí, pues sí-exclamó excitada-. Éste es..., lo reconocería en cualquier parte.
Mientras tanto, Lavington estaba haciendo sus preparativos. Quitó todos los adornos de una pequeña mesita que colocó en el centro de la habitación y a su alrededor puso tres sillas. Luego, cogiendo el jarrón azul de manos de Jack, lo situó en medio de la mesita.
Los otros le obedecieron, y la voz de Lavington volvió a oírse en la oscuridad.
-No piensen en nada... o en todo. No fuercen el cerebro. Es posible que uno de nosotros tenga facultades de médium. De ser así, entrará en trance. Recuerden que no hay nada que temer. Alejen todo el temor de sus corazones y déjense llevar..., déjense llevar.
Gentileza de El Trauko http://go.to/trauko
Su voz se fue apagando y se hizo el silencio. Minuto a minuto aquel silencio parecía más cargado de posibilidades. Era muy fácil decir: «Alejen sus temores». No era miedo lo que sentía Jack... sino pánico. Y estaba seguro de que a Felisa le ocurría lo mismo.
De pronto oyó su voz diciendo aterrada: -V
a ocurrir algo terrible. Lo presiento. -Alej
su miedo -dijo Lavington-.


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