El misterio del jarrón azul (Agatha Christie) - pág.12
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Ése fue mi sueño las dos primeras noches..., pero la noche antepasada hubo algo más. La dama y el jarro desaparecieron de pronto y oí su voz que gritaba... Yo sé que es su voz, ¿comprende? Y ¡oh!, monsieur, sus palabras fueron las mismas que usted pronunció aquella mañana: «¡Asesino! ¡Socorro! ¡Asesino!» Me desperté aterrorizada, diciéndome a mí misma... es
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una pesadilla, esas palabras que has oído son una casualidad. Pero anoche volví a oírlas. Monsieur, ¿qué es esto? Usted también las ha oído. ¿Qué vamos hacer?
Felisa estaba aterrorizada y sus manitas se entrelazaron mientras miraba a Jack con ojos suplicantes. El joven procuró aparentar una indiferencia que no sentía.
-Está bien, mademoiselle Marchaud. No debe preocuparse. Yo le diré lo que me gustaría que hiciese, si no le importa. Repetir toda esa historia a un amigo mío que se hospeda aquí, el doctor Lavington.
Felisa se mostró dispuesta a seguir el consejo y Jack fue a buscar a Lavington volviendo con éla los pocos minutos.
Lavington dirigió una mirada escrutadora a la joven, mientras Jack se apresuraba a efectuar las presentaciones. La tranquilizó con pocas palabras y escuchó con toda atención su relato.
-Muy curioso -dijo cuando hubo terminado-. ¿Se lo ha contado a su padre?
-No he querido preocuparle. Todavía está muy enfermo... -Sus ojos se llenaron de lágrimas-. Y procuro ocultarle todo lo que pudiera excitarle e inquietarle.
-Comprendo -dijo Lavington amablemente-. Y celebro que haya acudido a nosotros. El amigo Hartington, aquí presente, tuvo una experiencia muy similar. Creo que ahora estamos sobre la pista. ¿No recuerda nada más?
-¡Pues claro! Qué tonta soy. Es la base de toda la historia. Mire, monsieur, lo que encontré en uno los armarios, caído detrás de un estante.
Y le alargó un pedazo de papel de dibujo ya sucio, en el que aparecía pintado a la acuarela el boceto de una figura de mujer. Estaba muy mal hecho, pero el parecido era bastante bueno. Representaba una mujer alta y rubia de rostro extranjero, de pie junto a una mesa en la que había un jarro azul.
-Lo encontré esta mañana -explicó Felisa-. Monsieur le docteur, ésta es la mujer que vi en sueños, y el jarrón azul era idéntico a éste.
-Extraordinario -comentó Lavington-. La clave de este misterio es evidentemente el jarrón azul.
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