El misterio de Market Basing (Agatha Christie) - pág.5
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Es un gemelo roto. ¿A quién pertenecerá? Doctor Giles, haga el favor de ir en busca del ama de llaves.
-¿Y qué hacemos de los Parker? Porque míster Parker tiene trabajo en Londres...
-No sé. Tendremos que pasarnos sin él. Aunque en vista del cariz que toman las cosas, le necesitamos aquí también. Envíeme al ama de llaves y no permita que los Parker le den a usted y a Pollard esquinazo. ¿Entraron aquí por la mañana?
El doctor reflexionó un breve momento antes de contestar categórico:
-No, se quedaron en el pasillo mientras entrábamos Pollard y yo. -¿Está bien seguro?
-Segurísimo.
El doctor marchó a cumplir su misión.
-Es un buen hombre -dijo Japp con aire de aprobación-. Estos médicos deportistas suelen ser personas excelentes. Bien, ¿quién le habrá pegado el tiro a ese pobre señor? Además de él había tres personas más en esta casa. No sospecho del ama de llaves, porque en el espacio de ocho años ha podido matarle, no una sino cien veces. Pero, ¿qué clase de pájaros serán esos Parker? Resultan una pareja poco simpática.
En este momento apareció miss Clegg. Era una mujer flaca, escurrida, de cabellos grises que llevaba partidos en la frente. Tenia unos modales muy naturales y tranquilos. De su persona emanaba, al propio tiempo, un aire de eficiencia tal, que inspiraba respeto. En respuesta a las preguntas del inspector, explicó que llevaba catorce años al servicio del difunto, que fue amo generoso y considerado. No conocía a míster ni a mistress Parker, a quienes había visto por primera vez tres días atrás. Era indudable, en su opinión, que nadie les había invitado, porque su visita pareció desagradar al señor. El gemelo roto que Japp le enseñó, no pertenecía a míster Protheroe, estaba segurísima de ello. Al interrogarle acerca de la pistola repuso que sabía que el señor poseía, en efecto, un arma de fuego que guardaba bajo llave. Ella la vio una vez, pero no se atrevió a afirmar que fuera la misma que le mostraban. No oyó el disparo la noche anterior. El hecho no tenía nada de extraordinario porque la casa era grande y destartalada y porque lo mismo su habitación que la reservada al matrimonio Parker se hallaba al otro lado de ella. Ignoraba a qué hora se retiró míster Protheroe a descansar. Cuando lo hizo ella, a las nueve y media, lo dejó levantado.
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