El misterio de Market Basing (Agatha Christie) - pág.4
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Yo le imité sin descubrir nada de interés. El aire puro, no olía a nada. Con todo, Poirot lo olfateaba como si su nariz sensible percibiera algo que se escapaba a su inteligencia.
Al separarse Japp del cadáver, Poirot se arrodilló junto a él. La herida no pareció despertar su interés. Primero supuse que examinaba los dedos de la mano con que el difunto había empuñado la pistola, mas en seguida vi que era un pañuelo, metido en la manga de la chaqueta gris oscuro, lo que le llamaba la atención. Finalmente se puso de pie sin separar los ojos de aquella prenda.
Japp le llamó para que les ayudase a levantar la puerta. Yo aproveché la ocasión para arrodillarme y coger el pañuelo, que examiné minuciosamente. Era de blanco Cambray, de los más corrientes, pero no ostentaba manchas de sangre ni de ninguna especie, por lo que, decepcionado, volví a dejarlo donde estaba.
Los demás levantaron la puerta y buscaron en vano la llave.
-Esto zanja la cuestión -manifestó Japp-. La ventana está cerrada y atrancada. El asesino debió salir por la puerta que cerró con llave y se llevó ésta para que creyéramos que míster Protheroe se ha suicidado. Seguramente no creyó que la echaríamos en falta. ¿Está de acuerdo, monsieur Poirot?
-Sí, estoy de acuerdo; pero hubiera sido más sencillo y mejor, deslizar la llave por debajo de la puerta. De este modo hubiera parecido que se había caído de la cerradura.
-Ah, bien, no hay que confiar en que a todo el mundo se le ocurran ideas tan geniales como ésta. Si se hubiera dedicado a criminal, hubiera sido el terror de la sociedad. ¿Desea hacer alguna observación, monsieur Poirot?
Poirot parecía echar algo de menos, o si no era así me lo pareció. Después de echar una ojeada a su alrededor dijo en voz baja:
-Parece ser que este caballero fumaba mucho, señores.
Era cierto. Lo mismo el hogar que un cenicero colocado sobre la mesa estaban bastante repletos de colillas de cigarro.
-Debió fumar veinte cigarrillos lo menos anoche -dijo Japp. Así diciendo, se inclinó para examinar el del cenicero-. Son todos de la misma clase. Lo ha fumado la misma persona. El hecho no tiene nada de particular, monsieur Poirot.
-No he sugerido que lo tuviera -murmuró mi amigo.
-Ah, ¿qué es esto? -Japp cogió un pequeño objeto reluciente que estaba junto al cadáver-.
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