El misterio de Market Basing (Agatha Christie) - pág.3
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Como la puerta estaba abierta pasamos al vestíbulo y de éste a una salita de recibo de la que salía ruido de voces. En la salita encontramos reunidas a cuatro personas: un hombre vestido ostentosamente, con un rostro movible y desagradable, que me inspiró súbita antipatía; una mujer de tipo parecido, aunque hermosa de una manera burda; otra mujer, vestida de negro y algo separada del resto, a la que tomé por el ama de llaves; y un caballero alto, vestido con traje de sport, de semblante despejado y franco, que parecía imponerse a la situación.
-El doctor Giles -dijo el agente-. El detective inspector Japp, de Scotland Yard, y dos amigos.
El doctor nos saludó y después hizo la presentación de míster y mistress Parker. Luego subimos tras él la escalera. En obediencia a una seña de Japp, Pollard se quedó en la salita como para guardar la casa. El doctor, que nos precedía, nos hizo recorrer un pasillo. Al final vimos abierta una puerta; de sus goznes colgaban aún varias astillas y el resto estaba por el suelo.
Entramos en aquella habitación. El cadáver seguía tendido en tierra. Míster Protheroe era hombre de edad mediana, de cabello gris en las sienes. Usaba barba. Japp se arrodilló junto a él.
-¿Por qué no lo dejaron tal y como estaba? -gruñó.
El doctor se encogió de hombros.
-Porque creímos que se trataba de un caso sencillo de suicidio.
-¡Hum! -exclamó Japp-. La bala ha entrado en la cabeza por detrás de la oreja izquierda.
-Precisamente -repuso el doctor-. Es imposible que se disparase él solo el tiro. Para ello hubiera tenido, primero ante todo, que rodearse la cabeza con el brazo.
-¿Sin embargo, encontraron la pistola en su mano? A propósito, ¿dónde está?
El doctor le indicó con un gesto la mesa vecina.
-Tampoco la asía -manifestó-. La tenía en la palma, pero no la empuñaba.
-Debieron ponerla en ella después -dijo Japp, que examinaba el arma-. Sólo hay un cartucho vacío. Sacaremos las huellas dactilares, pero no espero encontrar más que las suyas, doctor. ¿Hace mucho que ha fallecido míster Protheroe?
-No puedo precisar la hora con exactitud como esos médicos maravillosos de las novelas de detectives, inspector, pero debe hacer unas doce horas.
Poirot no se había movido. Se mantenía pegado a mí, viendo lo que hacía Japp y escuchando sus preguntas. De vez en cuando, sin embargo, olfateaba el aire delicadamente, como si se sintiera perplejo.
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