El club de los martes (Agatha Christie) - pág.4
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Dejó la frase sin acabar,mientras hacía una cortés inclinación hacia sir Henry.
El aludido guardó silenciounos instantes y, al fin, con un suspiro y cruzando las piernas, comenzó:
-Me resulta un poco difícil escoger al tipo de historia que ustedes desean oír, pero creo que conozco un ejemplo que cumple muy bien los requisitos exigidos. Es posible que hayan leído algún comentario acerca de este caso en los periódicos del año pasado. Entonces se archivó como un misterio sin resolver, pero da la casualidad de que la solución llegó a mis manos no hace muchos días.
»Los hechos son bien sencillos. Tres personas se reunieron para una cena que consistía, entre otrasc osas, de langosta enlatada. Más tarde aquella noche, los tres se sintieron indispuestos y se llamó apresuradamente a un médico.Dos de ellos se restablecieron y el tercero falleció.
-¡Ah! -dijo Raymond en tono aprobador.
-Como digo, los hechos fueron muy sencillos. Su muerte fue atribuida a envenenamiento por alimentos en mal estado, se extendió el certificado correspondiente y la víctima fue enterrada. Pero las cosas no acabaron ahí.
Miss Marple asintió.
-Supongo que empezarían las habladurías, como suele ocurrir.
-Y ahora debo describirles a los actores de este pequeño drama. Llamaré al marido y a la esposa, Mr. y Mrs. Jones, y a la señorita de compañía de la esposa, miss Clark. Mr. Jones era viajante de una casa de productos químicos. Un hombre atractivo en cierto modo, jovial y de unos cuarenta años. Su esposa era una mujer bastante corriente, de unos cuarenta y cinco años, y la señorita de compañía, miss Clark, una mujer de sesenta, gruesa y alegre, de rostro rubicundo y resplandeciente. No podemosdecir de ninguno de ellos que resultara una personalidad muy interesante.
«Ahora bien, las complicaciones comenzaron de modo muy curioso. Mr. Jones había pasado la noche anterior en un hotelito de Birmingham. Dio la casualidad de que aquel día habían cambiado el papel secante, que por lo tanto estaba nuevo,y la camarera, que al parecer no tenía otra cosa mejor que hacer,se entretuvo en colocarlo ante un espejo despues de que Mr. Jones escribieraunas cartas. Pocos días más tarde, al aparecer en los periódicos la noticia de la muerte de Mrs. Jones como consecuencia de haber ingerido langosta en mal estado, la camarera hizo partícipes a sus compañeros de trabajo de las palabras que había descifrado en el papel secante:«Depende enteramente de mi esposa.
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