Diez negritos (Agatha Christie) - pág.114
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Lo encontramos en un sitio inaccesible a las mareas y reposaba estirado sobre las rocas con las ropas en orden. Luego, eso nos demuestra que alguien vivía en la isla después de la muerte de Armstrong.
Después de una pausa, Maine continuó:
-El 11 por la mañana he aquí la situación: el doctor ha desaparecido y se ha ahogado. Nos quedan tres personas: Blove, miss Vera y Lombard. Este último, su cadáver, se encuentra cerca de las rocas donde yacía Armstrong, con un tiro en el corazón. A miss Claythorne la encontramos colgada en su cuarto y el cuerpo de Blove en la terraza con la cabeza destrozada por un reloj de mármol que le tiraron seguramente desde una ventana.
-¿A quién pertenecía esa ventana? -preguntó bruscamente el jefe.
-A la habitación de miss Claythorne. Consideremos separadamente cada paso. Primero Lombard. Supongamos que haya tirado contra Blove el mármol, que luego haya cogido y colgado a la joven, y después, yéndose hacia el mar, se pega un tiro. Pero en ese caso, ¿quién cogió el revólver? Pues lo hemos encontrado delante de la puerta de la habitación de Wargrave.
-¿Han encontrado huellas digitales?
-Sí, jefe. Las de miss Vera.
-Pero, entonces...
-Adivino lo que quiere decir, jefe. Que Vera mató a Lombard, se llevó el revólver a la casa, tiró sobre Blove el pedazo de mármol y después se colgó. Esta suposición sería admisible hasta cierto punto. En su cuarto, sobre una silla, se encuentran las mismas marcas que sobre sus zapatos, lo que prueba que subió sobre la silla, pasó la cuerda alrededor de su cuello y tiró la silla de un puntapié. Pero, fíjese, jefe. La silla no estaba caída en el suelo, sino como las demás, contra la pared. Luego fue puesta en su sitio después de la muerte de Vera Claythorne por alguien. Queda Blove. Si usted me dice que después de haber matado a Lombard y colgado a Vera salió y se hizo caer encima de su cabeza ese bloque de mármol por algún medio, cuerda u otra cosa, le aseguro, jefe, que no le creería. Un hombre no se mata de esta manera, y menos Blove, que no estaba sediento de justicia. Nosotros le conocíamos bien para poder afirmarlo.
Sir Thomas Legge le dijo:
-Estoy de acuerdo con usted.
-En consecuencia, jefe, alguien debía estar en la isla además. Ese puso todo en orden una vez terminado su trabajo fúnebre.
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