Diez negritos (Agatha Christie) - pág.112
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.. Sin duda se trató de un caso parecido. Llegarnos a Philip Lombard. Ese hombre ha estado mezclado en muchos escándalos en el extranjero. Una o dos veces rozó la cárcel. Tenía la reputación de un hombre sin escrúpulos. Uno que no retrocede para nada ante muchos crímenes a condición de sentirse al abrigo de las leyes. Llegó el turno a Blove; éste pertenecía a nuestra corporación.
-Blove -le interrumpió sir Thomas- era un sinvergüenza. Siempre lo he juzgado así. Pero sabía salir bien de los asuntos. Estoy convencido de que fue un perjuro en el asunto de Landor. Su conducta me decepcionó mucho, pero no pude descubrir ninguna prueba contra él. Encargué a Harris que hiciese una investigación y no encontró nada anormal. Pero mi opinión sigue siendo la misma. No era una persona honrada.
Después de una pausa, sir Thomas Legge continuó:
-Entonces usted dice que Isaac Morris ha muerto. ¿Cuándo ocurrió?
-Esperaba esta pregunta, jefe. Morris murió durante la noche del 8 de agosto. Tomó una dosis excesiva de soporíferos. Nada indica si fue accidente o suicidio.
El subjefe de policía le preguntó:
-¿Quiere usted saber mi opinión?
-La adivino algo, jefe.
-La muerte de Morris me parece ocurrir en un momento demasiado oportuno.
El inspector afirmó con la cabeza y dijo:
-También yo opino como usted, jefe.
Sir Thomas Legge dio un fuerte puñetazo sobre la mesa y dijo excitado:
-Toda esta historia es absurda, es increíble... inadmisible que diez personas sean asesinadas en una roca en medio del mar... y que ignoremos quién ha cometido el crimen, en qué circunstancias y con qué motivo.
-Permítame contradecirle, jefe -dijo Maine-, sobre este último motivo. Sabemos por qué ese hombre ha matado. Seguramente es un loco imbuido en buscar criminales que la justicia ordinaria no podía castigar. Escogió a diez; que fuesen culpables o inocentes a nosotros poco nos importa.
-¿Que no nos importa? -interrumpió sir Thomas-. Me parece...
Se interrumpió. El inspector Maine esperaba respetuosamente. Legge bajó la cabeza.
-Continúe inspector. Durante un minuto he tenido una especie de intuición... creí estar sobre la pista, pero por desgracia se me ha escapado. Continúe, Maine.
-Nuestro maniático reunió en la isla del Negro a diez personas... digamos condenados a muerte. Fueron ejecutados por U. N. Owen, quien cumplió su deseo, y se evaporó como el humo.
El jefe hizo notar:
-Esto sería un caso prodigioso de magia, Maine.
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