Diez negritos (Agatha Christie) - pág.104
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-¿No ha oído, Lombard? Creyérase un temblor de tierra.
-No, pero es raro, se ha producido como una sacudida y hasta me parece haber oído un grito. ¿Y usted, lo oyó también?
Los dos se miraron y volvieron sus ojos hacia la casa.
-El ruido ha venido de ese lado. Vamos a ver por qué pasa.
-No, yo no voy -dijo ella.
-Como usted quiera, pero yo corro para ver lo que ha sucedido.
Contra su voluntad, Vera se resignó y le siguió.
Los dos llegaron a la casa. La terraza parecía un sitio apacible bajo el sol. Dudaron un instante antes de entrar por la puerta principal y dieron la vuelta a la casa prudentemente. Descubrieron a Blove tendido, con los brazos en cruz, sobre la terraza orientada al Este. La cabeza la tenía aplastada por un enorme bloque de mármol blanco.
-¿Quién ocupaba -preguntó Lombard- la habitación de encima?
-Yo... Y reconozco el reloj de mármol que estaba en mi cuarto sobre la chimenea... tenía la forma de un oso.
Y repitió excitada:
-¡Tenía la forma de un oso!
Philip la cogió por los hombros y con voz ronca de cólera le dijo:
-Ahora estamos seguros de que el doctor se oculta en algún sitio. Esta vez no se me escapa.
Vera le retuvo diciéndole:
-¡Descuide, por favor! Ahora nos toca a nosotros, pues lo que quiere es que vayamos en su busca. Cuenta con ello.
-Tiene usted razón, quizá -dijo Lombard, cambiando de opinión.
-En este caso no me he equivocado; ya le decía que el doctor era culpable.
-¡Si es materialmente imposible! Blove y yo hemos registrado toda la isla palmo a palmo y luego la casa. Hemos escudriñado todos los rincones de la casa y le juro que no hay sitio para ocultarse en ella. ¡Es para volverse loco!
-Ustedes han debido equivocarse.
-Quisiera asegurarme.
-¿Usted quiere asegurarse? Eso es precisamente lo que espera. El le tiende esta emboscada.
-No olvide que tengo un revólver -dijo Lombard sacándoselo del bolsillo.
-Eso decía usted también de Blove, que era más fuerte que el doctor. Pero lo que no tiene usted en cuenta es que se trata de un loco furioso y un loco es más peligroso que un ser normal. Desarrolla dos veces más astucia y fuerza que nosotros.
-Bueno, quedémonos aquí -Lombard volvió a guardarse el revólver- ¿Qué vamos a hacer cuando llegue la noche?
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