Diez negritos (Agatha Christie) - pág.103
Indice General
|
Volver
Página 103 de 121
Cuenta haber oído pasos durante la noche y visto a un hombre huir por la puerta de delante, pero todo esto pueden no ser sino mentiras. El ha podido desembarazarse de Armstrong sin impedimento alguno dos horas antes.
-¿De qué manera?
Lombard encogió los hombros.
-Lo ignoramos. Pero si quiere creerme, sólo es temible una persona: ¡Blove...! ¿Qué sabemos nosotros de él? Menos que nada. Probablemente no ha pertenecido nunca a la policía. Puede ser cualquier cosa: un millonario quebrado... un hombre de negocios chiflado... un loco fugado de un manicomio, un hecho permanece indiscutible: que él ha podido cometer toda esa serie de crímenes.
Vera palideció y murmuró suspirando:
-¿Y si entre tanto... nos atacara?
Lombard respondió dulcemente, acariciando en su bolsillo la culata de su revólver:
-Ya vigilo... ¡Esté tranquila!
Después miró a la joven con curiosidad.
-Ha puesto usted en mi una confianza absoluta, Vera; por ello me siento profundamente conmovido... ¿por qué está tan convencida de que no he de matarla?
-Hay que confiar en alguien -respondió Vera-. Creo que se equivoca usted acusando a Blove. Desconfío del doctor.
De repente se volvió hacia su compañero:
-¿No tiene usted la sensación de estar espiado todo el día?
-Eso son los nervios.
-¿Ha sufrido también, pues, esa sensación? -insistió Vera.
Temblorosa, se aproximó más hacia el joven.
-Dígame, ¿no piensa usted...?
Se interrumpió, pero al cabo de un instante, siguió diciendo:
-Una vez leí un libro en que se trataba de dos jueces enviados por el Tribunal Supremo a un pueblecito de América, para aplicar justicia absoluta. Aquellos magistrados venían de un mundo sobrenatural...
Lombard enarcó las espesas cejas y, burlándose, interrumpióla:
-¿Bajaban del cielo sin duda? No creo en lo sobrenatural. Nuestra cuestión es bien humana.
-En algún momento lo dudo.
Philip la miró un buen rato y declaró:
-Es el remordimiento que la persigue.
Tras un breve silencio, preguntó Lombard:
-Usted dejó que el niño se ahogara, ¿no es cierto?
Vera respondió indignada:
-¡No, no! ¡Le prohíbo que insinúe tal cosa!
Se puso a reír Lombard.
-¡Oh, sí!, pequeña, yo ignoro el motivo, pero adivino un hombre en todo eso.
Una repentina lasitud, un completo abatimiento abrumaron a la joven, que balbució con voz monótona:
-Sí, hay un hombre...
-Gracias..., es todo lo que quería saber.
Vera se puso rígida de pronto y exclamó con voz ahogada por el miedo:
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-121
|