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Diez negritos (Agatha Christie) - pág.97

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-Perdóneme, pero ahora no creo sino lo que veo.
Golpeó la puerta.
-Armstrong... Armstrong...
Ninguna respuesta. Arrodillándose, Lombard miró por la cerradura.
La llave no estaba en la puerta.
-Ha debido -dijo Blove- cerrar y llevarse la llave.
-La precaución es lógica -afirmó Lombard-. Vamos por él. Esta vez lo tenemos. Espere un segundo.
Corrió hacia la puerta de Vera y la llamó:
-¿Vera?
-Sí.
-Vamos a la captura del doctor, que no está en su habitación. Sobre todo no abra la puerta, ¿comprende?
-Sí, comprendo.
-Si Armstrong sube y le dice que tanto Blove como yo hemos muerto, no haga caso. No abra la puerta más que a Blove o a mí si la llamamos. ¿Comprende?
-Sí, no soy tan tonta.
-¡Perfectamente! -aprobó Lombard.
Se reunió con Blove y dijo:
-Y ahora corramos tras él. La caza comienza.
-Estemos alerta -recomendó Blove-. No olvide que tiene un revólver.
-¡En eso se equivoca usted!
Abrió la puerta y le señaló:
-El cerrojo no está echado... Podría volver de un momento a otro. Soy yo quien tiene el revólver. Esta noche lo volví a encontrar en mi mesilla, lo habían puesto otra vez.
Blove se paró en la misma puerta y Lombard notó la palidez de su rostro y le dijo enfadado:
-¡No haga el idiota, Blove! No voy a matarle, y si tiene miedo quédese en su cuarto, pero voy en persecución de Armstrong.
Y se alejó bajo el claro de luna. Blove dudó un instante y le siguió. Pensaba mientras andaba: «Tengo la impresión de ir tras mi desgracia. Después de todo...»
Después de todo no era la primera vez que tenia que habérselas con criminales armados. Blove tenía muchos defectos, pero no le faltaba el valor ante el peligro. La lucha en terreno descubierto no le daba miedo, pero el peligro tachado de sobrenatural le horrorizaba.


Vera esperaba los resultados de la persecución; se volvió y arregló. Miró a la puerta dos o tres veces; era sólida y capaz de no ceder. Además estaba echada la llave y el cerrojo y una silla bajo el pomo de la cerradura. Para derribarla se necesitaba un hombre más fuerte que el doctor.
Vera pensaba que Armstrong, para cometer un crimen, emplearía la astucia y no la fuerza, y se entretuvo en pensar lo que podía suceder.
Según Lombard, podría anunciar la muerte de uno de los dos, pretendiendo estar herido, para que abriese la puerta y le curase.


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