Diez negritos (Agatha Christie) - pág.96
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Se puso rígido de miedo. Le parecía oír ruidos... Murmullos... crujidos... Pero su cabeza los tomaba por lo que no era en realidad más que fruto de su imaginación...
De repente percibió un ruido... esta vez no era ilusión... pisadas que eran sólo perceptibles al oído muy ejercitado de Blove. Andaba a lo largo del pasillo (las habitaciones de Lombard y Armstrong estaban al fondo) y pasaron delante de su puerta sin la menor vacilación.
En este momento tomó la decisión de saber quién era el noctámbulo. Ahora bajaba la escalera. ¿Adonde iba?
De puntillas se fue a la cama. Puso la caja de cerillas en su bolsillo, quitó el enchufe de la lámpara, arrolló el flexible en el brazo de ésta, que era de acero cromado, y pensó que el aparato le serviría en caso de necesidad de arma. Con mil precauciones y descalzo, retiró la silla, descorrió el cerrojo y abrió la puerta. Avanzó por el pasillo y llegó hasta él desde el vestíbulo un ligero ruido. Se dirigió a la escalera. Comprendió en este momento por qué había oído tan distantemente los pasos, pues el viento se había calmado y el cielo se despejaba. Por la ventana del pasillo un pálido rayo de luna iluminaba el vestíbulo y vio una figura humana que salía por la puerta principal.
Bajó los peldaños de cuatro en cuatro en su persecución, pero se detuvo en seco. ¡Una vez más iba a conducirse como un imbécil! ¡No iba a caer en la trampa que te preparaba el fugitivo para atraerlo fuera de la casa!
Pero ¡el otro sí que acababa de hacer una bobada! Sólo tendría que examinar cuál de las tres habitaciones ocupadas por los hombres estaba vacía.
Corriendo volvió al pasillo y llamó a la puerta de Armstrong. Ninguna respuesta. Esperó un minuto y golpeó en la de Lombard. La respuesta vino en seguida.
-¿Quién está ahí?
-Blove. Armstrong no está en su cuarto, espere un minuto.
Llamó a la de Vera:
-¡Miss Claythorne! ¡Miss Claythorne! La voz asustada de Vera se oyó:
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
Rápidamente se volvió hacia la puerta de Lombard y éste ya estaba de pie con una vela en la mano izquierda y la derecha metida en el bolsillo del pijama.
-Pero ¿qué demonios pasa?
Blove le explicó la situación en dos palabras. Los ojos de Lombard centellearon.
-¿Entonces es Armstrong? Se dirigió hacia la puerta del médico y le dijo a Blove:
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