Diez negritos (Agatha Christie) - pág.90
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Era un alga marina... sólo un alga lo que sintió. De nuevo perdió el conocimiento. Olas enormes se echaban sobre ella. Una vez más, alguien apoyábase fuertemente sobre su cabeza, obligándola a doblar la espalda.
Le daban algo para beber y le ponían el vaso entre sus dientes. Sintió el olor del alcohol. Iba a beber agradecida, cuando una voz interior, una señal de alarma, resonó en su cabeza... Se enderezó y rechazó la bebida.
Con un tono seco, áspero, inquirió:
-¿De dónde viene esta bebida? Antes de responder, Blove la miró intensamente.
-He ido a buscarla abajo.
-No quiero beberla.
Después de un momento de silencio Lombard se echó a reír y añadió:
-¡Enhorabuena, Vera! Usted no pierde tan pronto la cabeza, a pesar del miedo que ha pasado hace un instante. Voy a buscar una botella que esté sin descorchar.
Sin saber lo que decía, Vera exclamó:
-Ya estoy mucho mejor. Prefiero beber un poco de agua.
Sostenida por el doctor Armstrong, se puso en pie, dirigiéndose al lavabo agarrada al doctor para no caerse. Abrió el grifo y llenó un vaso.
-Este coñac es inofensivo -dijo picado Blove.
-¿Cómo lo sabe usted? -preguntóle Armstrong.
-No he echado nada dentro -protestó Blove furiosamente-. Usted quisiera hacer creer lo contrario.
-No le acuso de nada, pero usted u otra persona habría podido envenenar esa bebida.
Lombard volvió en seguida con otra botella de whisky y un sacacorchos; dio la botella a Vera para que viera que estaba intacta.
-Tenga, muñeca, no la engañarán esta vez.
Quitó la cápsula de estaño y descorchó la botella.
-Por fortuna la provisión de licores no se agotara tan fácilmente. Este U. N. Owen es la previsión en persona.
Vera se estremeció violentamente.
Armstrong tendió su vaso, en tanto Philip lo llenaba. Este aconsejó:
-Beba, miss, acaba de sufrir un gran susto.
Vera mojó sus labios en el vaso, y los colores reaparecieron en sus mejillas.
-Afortunadamente -dijo riéndose, Lombard-, he aquí un crimen que no se ha logrado conforme al programa.
-¿Usted cree que querían matarme? -preguntó Vera.
-Esperaban... -añadió Lombard- a que muriese del susto. Esto ocurre a muchas personas. ¿Verdad, doctor?
Sin comprometerse, Armstrong respondió, ligeramente incrédulo:
-¡Hum! Nada se puede afirmar. Miss Claythorne es joven y fuerte... no padece debilidad cardíaca... por otra parte.
Cogió un vaso de coñac traído por Blove y mojó el dedo, probándolo después con precaución.
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