Diez negritos (Agatha Christie) - pág.89
Indice General
|
Volver
Página 89 de 121
Llegó ante la puerta de su cuarto y, al abrirla retrocedió, quedándose inmóvil... las aletas de su nariz se estremecieron... el mar... sentía el olor del mar de Saint Treddennic... Si eso era, no podía equivocarse. Pero en una isla no tenía nada de raro que se respirase la brisa del mar, pero Vera experimentaba una impresión diferente. Este olor era el mismo que el de aquel día en la playa... cuando la marea bajaba y dejaba al descubierto las rocas cubiertas de algas, secándose al sol.
«¿Puedo nadar hasta la isla, mis Claythorne? ¿Por qué no me deja ir hasta allí?»
«¡Qué niño más mimado! Sin él, Hugo hubiese sido rico... y libre de casarse con la mujer que amaba...»
«Hugo... Hugo... estaría seguramente cerca de ella... quizá le esperaba en su habitación.»
Avanzó un paso y la corriente de aire apagó la vela. En la oscuridad, Vera tuvo miedo.
«¡No seas tan tonta! ¡Por qué atormentarte? Los demás están abajo y no hay nadie en mi cuarto; me forjo unas ideas tan ridículas...»
Pero este olor... ¡este olor que evocaba la playa de Saint Treddennic...! no era imaginación, sino realidad. Seguro; había alguien en la habitación... oyó un ruido, estaba persuadida de ello... una mano fría y viscosa le tocó la garganta... una mano mojada oliendo a mar.
Vera lanzó un grito. Un grito penetrante y prolongado. El pánico se había apoderado de todo su ser. Gritó pidiendo socorro. No oyó el ruido que procedía del salón. Una silla cayó. Una puerta abierta violentamente y pasos que subían corriendo por la escalera. Vera era presa del terror.
En seguida las luces alumbraron la entrada de su habitación y todos entraron en ella. Vera recuperó un poco la serenidad.
-¡Dios mío! ¿Qué me ha pasado? ¿Qué es esto?
Estremeciéndose, cayó desvanecida. Le pareció que alguien, inclinado sobre ella, le obligaba a bajar la cabeza hasta las rodillas. Escuchó una exclamación. «¡Por favor, miren!» Al mismo tiempo, Vera se reanimó. Abriendo mucho los ojos, levantó la cabeza y vio lo que los hombres habían percibido a la luz de las bujías.
Una cinta muy larga y húmeda colgaba del techo. Esto era lo que en la oscuridad le había rozado el cuello y que tomó por una mano viscosa, la mano de un ahogado vuelto del reino de las sombras para quitarle la vida...
Vera se echó a reír.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-121
|