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Diez negritos (Agatha Christie) - pág.80

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-Me enseñaron en mi juventud a dominar los nervios y a no causar molestias.
-Entonces, ¿no tiene miedo? -Vera hizo una pausa y añadió-: ¿O no teme a la muerte?
¡Morir! Emily Brent tuvo una sensación como si una aguja le traspasase la cabeza. ¿Morir? Los demás morían, pero no ella... Esta Vera no comprendía nada. Los Brent no habían tenido jamás miedo. Sus antepasados estuvieron al servicio del rey y afrontaron la muerte con serenidad. Llevaron una vida tan recta como ella... Jamás había hecho algo que la hiciese sonrojarse. «El señor vela por los suyos. No temáis los terrores de la noche, ni la flecha que golpea el día...» ¡Estamos en pleno día; la luz alejaba los fantasmas! «Ninguno de nosotros abandonará esta isla.» ¿Quién dijo estas palabras? El general MacArthur, cuyo primo estaba casado con Elsie MacPherson. No parecía que le hubiese atormentado esta idea y la acogió con serenidad. ¡Fue impío! Ciertas personas hacen tan poco caso de la muerte, que se suprimen ellos mismos. Beatriz Taylor. Esta noche pasada soñó son Beatriz. La veía apoyada en la ventana, la cara pegada a los vidrios, suplicándole que la dejase entrar. Pero ella la había dejado fuera. De haberle permitido entrar en su cuarto, aquella gran desgracia no hubiese ocurrido.
Emily tembló. Su joven amiga la miraba de forma extraña; entonces dijo vivamente:
-¿Todo está dispuesto? Vamos a servir el desayuno.
Ese desayuno se salió de lo corriente. Cada uno mostróse extremadamente solícito con su vecino de mesa.
-Miss Brent, ¿puedo servirle el café?
-Mis Claythorne, ¿quiere una lonja de jamón?
-¿Un poco más de asado?
Había seis personas, todas aparentemente normales y dueñas de su sangre fría. Pero en su fuero interno las ideas daban vueltas como ardillas enjauladas.


¿A quién le tocará? ¿A quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Lo logrará esta vez?
Me lo pregunto. ¡Si me diesen tiempo! Dios mío, ¿me dejarán tiempo?
Locura mística... eso es, seguramente. Mirándola, jamás se dudaría. ¿Y si me equivocase?
Pierdo la cabeza. Mi lana ha desaparecido... las cortinas rojas también... esto no tiene sentido. No comprendo nada ni veo jota.
¡Esta especie de cretino se ha tragado todo lo que le he contado! ¡Atención, sin embargo!
Seis negritos de porcelana... No quedan más que seis. ¿Cuántos habrá esta noche?

Todo eso pensaban, inquietos, en tanto comían.
-¿Quién quiere el último huevo?
-¿Un poco de mermelada?


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