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Diez negritos (Agatha Christie) - pág.74

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Página 74 de 121



A Blove parecióle bien añadir:
-Y sobre todo no olviden ustedes poner una silla atrancando la puerta, pues ya saben que se puede abrir desde fuera.
-Querido Blove, usted es muy listo para nosotros -dijo Lombard.
-Buenas noches, deseo que nos encontremos mañana sanos y salvos -se despidió del juez con estas palabras.
Rogers salió del comedor y subía lentamente la escalera; vio cuatro sombras desaparecer tras cuatro puertas, percibió cuatro vueltas a la llave y el ruido de cuatro cerrojos al correrse...
-Es una buena precaución -murmuró para sí.
Volvió a bajar para ir al comedor. Miró si estaba en orden y preparado para la siguiente mañana.
Su mirada se posó en el centro de la mesa y contó siete negritos de porcelana.
«¡Trataré de que nadie nos gaste una broma durante esta noche!»
Atravesando la habitación cerró con llave la puerta que daba a la cocina y pasó al vestíbulo por la otra puerta, que cerró igualmente con llave y se la guardó en el bolsillo.
Después apagó las luces y con paso lento llegó a su nueva habitación. Allí encontró un sitio para guardar la llave en el armario, cerró la puerta también con llave y echó el cerrojo. Rogers se dispuso acostarse. Y se dijo a sí mismo:
«Esta noche nadie tocará los negritos; he tomado mis precauciones.»


11


Philip Lombard se despertó al amanecer, como era su costumbre, apoyándose sobre un codo, escuchó. El viento un tanto calmado soplaba aún, pero el ruido de la lluvia había cesado.
A las ocho, el viento volvió a adquirir violencia, pero Lombard se había adormecido.
A las nueve de la mañana, sentado al borde de la cama, consultó su reloj, lo aplicó al oído y sus labios se abrieron descubriendo sus dientes en una sonrisa que evocaba una mueca de lobo y murmuró:
«Hay que poner fin a todos estos crímenes.»
A las diez menos veinticinco llamó a la puerta de Blove, cerrada con llave.
El ex inspector de policía vino a abrirle con mil precauciones. Estaba todavía medio dormido y con los ojos cargados de sueño y los cabellos desgreñados.
Lombard dijo con voz amable:
-Veo que duerme usted como un lirón. Es indicio de una conciencia tranquila.
-¿Qué pasa, pues?
-¿No han venido a despertarle trayéndole el té? ¿Sabe usted la hora?
Blove movió la cabeza hacia el despertador de la mesilla de noche.


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