Diez negritos (Agatha Christie) - pág.72
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.. ¿Usted sabe?
-En cuanto a las pruebas indispensables ante un tribunal, le declaro no tener ninguna -dijo con prudencia Wargrave-. Sin embargo, si paso revista a todos los hechos, distinguiría claramente quién era el culpable.
-¡No le comprendo! -dijo con los ojos fijos en el anciano juez el asombrado doctor.
Miss Emily Brent se retiró a su dormitorio, cogió la Biblia y se sentó cerca de la ventana. La solterona abrió el libro sagrado y después de unos segundos de duda, lo dejó, se fue hacia la mesilla de noche y sacó de un cajón un pequeño cuaderno de memorias, con cubiertas negras.
Lo abrió y púsose a escribir.
Una horrorosa desgracia acaba de pasar. El general MacArthur ha muerto. (Su primo era marido de Elsie MacPherson.) Sin duda alguna ha sido asesinado. Después de comer el juez Wargrave nos ha hecho un interesante discurso, pues está convencido de que uno de nosotros es el culpable. En otros términos, uno de nosotros está poseído del demonio. Estoy segura,.. ¿Quién podrá ser? Esta es la pregunta que cada uno se hace. Pero yo sola sé...
Se quedó un instante inmóvil, sus ojos grises se cerraron; el lápiz temblaba entre sus dedos; escribió en mayúsculas:
LA ASESINADA SE LLAMA BEATRIZ TAYLOR
Cerró los ojos. De repente los abrió sobresaltada y miró el cuaderno donde había estado escribiendo; lanzando una exclamación de cólera leyó las letras tan irregularmente escritas de la última frase y murmuró con voz muy baja:
-No es posible. ¿He sido yo quien ha escrito esto? Me estoy volviendo loca.
La tempestad estaba en todo su furor, el viento rugía alrededor de la casa.
Hallábanse todos reunidos en el salón y se observaban entre sí. Cuando Rogers entró con la bandeja para servir el té todos se sobresaltaron.
-¿Quieren que corra las cortinas? Estará esto menos triste.
Ante la respuesta afirmativa el criado corrió las cortinas y encendió la luz.
La habitación iluminóse y se disiparon las sombras.
Al día siguiente la tempestad se apaciguaría y vendría un barco... Un barco surgiría...
Miss Claythorne preguntó:
-¿Quiere usted servir el té, miss Brent?
La solterona le contestó:
-No, se lo ruego; sírvalo usted misma. La tetera es tan pesada... por otra parte he perdido dos ovillos de lana gris y eso me disgusta.
Vera se aproximó a la mesa y se oyó el alegre tintineo de la porcelana.
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