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Diez negritos (Agatha Christie) - pág.9

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-El trabajo será de los más fáciles. No hay modo de equivocarse. Confío que mi aspecto no deja nada que desear.
Se levantó y examinóse meticulosamente en el espejo del departamento. La imagen reflejada presentaba un aspecto militar. Había cierta expresión en su cara de ojos grises y labios adornados con un corto bigote.
-¡Palabra! Se me tomaría por un comandante -observó mister Blove-. ¡Ah, no!, olvidaba al general. Aquel viejo desperdicio no tardaría en desenmascararme.
«África del Sur -siguió monologando mister Blove-. Este, éste es mi rayo. Ninguna de esas personas ha estado en África del Sur, y como yo acabo de leer estos prospectos del viaje, podré hablar del país con conocimiento de causa.
La isla del Negro. Recordaba haber estado allí durante su infancia, una especie de rocas nauseabundas, frecuentadas por las gaviotas, a mil quinientos metros de la costa. Esta isla debía su nombre a su parecido con una cabeza de hombre... con los labios negros.
¡Graciosa idea de edificar allí una morada! Es horrible vivir en un islote cuando sopla el temporal. ¡Pero los millonarios son tan caprichosos!
El viejo buen hombre del rincón se despertó diciendo:
-En el mar no se puede nunca prever nada..., ¡nunca!
A manera de consuelo replicó mister Blove:
-Exacto. No se sabe jamás qué os espera.
Sacudido por el hipo, el viejo continuó, con voz lastimera:
-Algo se espera.
-No, no, amigo. Hace un tiempo espléndido -respondió mister Blove.
El viejo se enfadó.
-Le digo que la tormenta está en el aire. La percibo.
-Quizá tenga razón -le dijo mister Blove pacíficamente.
El tren se detuvo en una estación y el viejo se levantó penosamente.
-Yo bajo aquí.
Sacudió la portezuela para abrirla. Mister Blove acudió en su ayuda.
Antes de bajar al andén, el viejo levantó una mano con gesto solemne y guiñó los ojos.
-¡Velad y orad! -conjuró-. ¡Velad y orad! ¡El día del Juicio se aproxima!
Ganando, por fin, el andén, se enderezó, levantó los ojos hacia mister Blove y le dijo con acento digno y severo:
-Es a usted a quien me dirijo, joven. El día del Juicio está muy cercano.
Arrinconado en la esquina de su departamento, mister Blove pensó en lo mismo:
-Es cierto; él está más cerca que yo del día del Juicio.
Pero mister Blove se equivocó.

2


Delante de la estación de Oakbridge había un grupo de personas esperando.


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