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Cita con la muerte (Agatha Christie) - pág.160

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Supongamos que el árabe hubiera
venido de la tienda del doctor Gerard y no de la de Ginebra Boynton. ¿Qué es lo
siguiente? Las dos damas aseguran que no pudieron verle la cara con suficiente
claridad para identificarlo y que no entendieron lo que dijo la señora Boynton. Es
comprensible. La distancia entre la carpa y el saliente era de unos doscientos metros.
Sin embargo, lady Westholme dio una clara descripción del sujeto, especialmente de su
ropa. Habló de sus pantalones de montar rasgados y remendados y de la forma
descuidada en que llevaba enrolladas las espinilleras.
Poirot se inclinó hacia delante.
- Y eso, amigos míos, es verdaderamente muy extraño. ¡Porque si no pudo ver su
cara ni oír lo que decía, era imposible que distinguiera el estado en el que estaban sus
pantalones y sus espinilleras! ¡No a doscientos metros!
«Eso fue un error, ¿ven? Me sugirió una idea curiosa. ¿Por qué tanto insistir en los
pantalones rotos y las espinilleras descuidadas? ¿Tal vez porque los pantalones no
estaban rotos y las espinilleras no existían? Lady Westholme y la señorita Pierce
vieron al hombre, pero desde donde estaban sentadas no podían verse la una a la otra.
Lo demuestra el hecho de que lady Westholme fue a ver si la señorita Pierce estaba
despierta y la encontró sentada delante de su tienda.
- ¡Dios mío! - dijo el coronel Carbury de pronto, enderezándose en su asiento -. ¿Está
usted sugiriendo..?
- Sugiero que, después de haberse asegurado de lo que estaba haciendo la señorita
Pierce (el único testigo que podía estar despierto), lady Westholme volvió a su tienda,
se puso sus pantalones de montar, sus botas y una chaqueta color caqui, se hizo un
turbante con el trapo de limpiar el polvo y unas madejas de lana y, así ataviada, entró
en la tienda del doctor Gerard, registró su botiquín, eligió la droga que necesitaba,
llenó la jeringuilla y fue audazmente hacia su víctima.
«La señora Boynton debía de haberse adormilado. Lady Westholme fue rápida. La
cogió por la muñeca y le inyectó la droga. La señora Boynton lanzó un grito, intentó


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