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Cita con la muerte (Agatha Christie) - pág.144

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muchas. Fue el Lugar del Sacrificio el que me sugirió la idea. Pero puedo jurarle que
nunca le hice daño a esa desagradable anciana. ¡No se me hubiera ocurrido jamás una
cosa semejante!
- Y sin embargo - dijo Poirot -, uno de ustedes dos tiene que estar mintiendo.
Raymond Boynton se movió en su silla. Impetuosamente exclamó:
- Usted gana, señor Poirot. ¡Soy yo el que miente! Mamá estaba muerta cuando subí
a verla. La sorpresa casi me paralizó. Había ido para resolver las cosas con ella, ya
sabe. Para decirle que, a partir de ese momento, yo era libre. ¡Y allí estaba ella,
muerta! Su mano fría y fláccida. Y pensé justo lo que usted ha dicho. Pensé que quizá
Carol... Había una marca en su muñeca.
Rápidamente, Poirot dijo:
- Ése es un punto acerca del cual todavía no estoy completamente informado. ¿Cuál
era el método que ustedes pensaban emplear? Ustedes habían pensado en un método y
éste tenía algo que ver con una aguja hipodérmica. Eso lo sé. Si quiere que le crea,
cuénteme el resto.
Apresuradamente, Raymond contestó:
- Era algo que leí en una novela, una historia inglesa de detectives. Consiste en
inyectar aire en la vena con una jeringuilla vacía. Parecía completamente científico. Yo
había pensado... hacerlo de ese modo.
- ¡Ah! - dijo Poirot -. Ya comprendo. ¿Y compró usted una aguja?
- No. De hecho, cogí la de Nadine.
Poirot lanzó una rápida mirada a la joven.
- ¿La jeringuilla que está con su equipaje en Jerusalén? - murmuró.
La joven enrojeció levemente.
- No estaba... segura de lo que había sido de ella - murmuró.
- Es usted muy perspicaz, madame - dijo Poirot.
- Gracias - dijo Nadine


CAPÍTULO XVI
Hubo una pausa. Después, aclarándose la garganta con un carraspeo un tanto
afectado, Poirot continuó:
- Hemos resuelto el misterio de lo que yo llamaría «la segunda jeringuilla». Ésta
pertenecía a la señora Lennox Boynton, le fue robada en Jerusalén por su cuñado
Raymond Boynton, a quien luego se la quitó su hermana Carol tras el descubrimiento


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