Cita con la muerte (Agatha Christie) - pág.135
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Usted se lo mira desde un punto de
vista personal. Tómelo desde un punto de vista abstracto, imparcial. La absoluta lógica
de los acontecimientos es siempre fascinadora.
- Procuraré ver las cosas de ese modo - dijo el coronel.
- Es hora de empezar nuestra representación - dijo Poirot -. Usted, mon Colonel, se
sentará aquí, detrás de esta mesa, y adoptará la actitud de un oficial.
- ¡Oh, está bien! - gruñó Carbury -. No esperará que me ponga el uniforme, ¿verdad?
- No, no. Pero si me permite que le arregle la corbata...
Unió la palabra a la acción. El coronel Carbury volvió a refunfuñar, se sentó en la
silla que le habían indicado y, al instante, inconscientemente, volvió a girar su corbata
dejando el nudo debajo de su oreja izquierda.
- Aquí - siguió Poirot, alterando ligeramente la posición de las sillas - colocaremos a
la famille Boynton. Y más cerca - continuó- pondremos a los tres extraños
directamente relacionados con el caso. El doctor Gerard, cuyas declaraciones son la
base de nuestra investigación. La señorita King, que se halla implicada por dos
razones, una personal y la otra profesional, como médico que examinó el cadáver. Y
también el señor Jefferson Cope, que mantenía relaciones estrechas con los Boynton y
que, por lo tanto, puede ser considerado como parte interesada.
Se interrumpió.
- ¡Ajá! Aquí vienen.
Abrió la puerta para dejar entrar al grupo.
Lennox Boynton y su esposa entraron los primeros. Detrás venían Raymond y
Carol. Ginebra entró sola, con una leve y distante sonrisa en sus labios. El doctor
Gerard y Sarah King cerraban la comitiva. El señor Cope llegó con unos minutos de
retraso y entró disculpándose.
Cuando hubo ocupado su lugar, Poirot comenzó:
- Señoras y caballeros - dijo -, esta reunión es completamente extraoficial. Mi
intervención en el caso se ha debido a la casualidad de mi presencia en Amman. EI
coronel Carbury me hizo el honor de consultarme...
Poirot fue interrumpido. Y la interrupción vino de quien menos podía esperarse.
Repentinamente, Lennox Boynton dijo en tono belicoso:
- ¿Por qué? ¿Por qué diablos tuvo que meterlo en este asunto?
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