Cita con la muerte (Agatha Christie) - pág.67
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nomeolvides en un mantel, a la vez que era informada de cómo deberían reformarse
debidamente las leyes del divorcio.
Los criados entraban y salían preparándolo todo para la cena. Los Boynton estaban
sentados en unas tumbonas leyendo, en el otro extremo de la carpa. Mahmoud
apareció, gordo y digno, y los llenó de reproches: «Muy agradable paseo después del té
había sido arreglado para tener lugar, pero todos ausentes del campamento... El
programa totalmente arruinado... Muy instructiva visita a arquitectura nabatea...».
Sarah se apresuró a decir que se habían divertido mucho.
Salió hacia su tienda para lavarse antes de la cena. Cuando volvía a la carpa, se
detuvo junto a la tienda del doctor Gerard y lo llamó en voz baja.
- Doctor Gerard.
No hubo respuesta. Levantó el toldo y miró dentro. El doctor estaba tendido en la
cama y no se movía. Sarah se retiró sin hacer ruido, con la esperanza de que estuviese
dormido.
Un criado se le acercó, señalando hacia la carpa. La cena estaba lista. Bajó. Todo el
mundo estaba reunido allí, alrededor de la mesa, con excepción del doctor Gerard y de
la señora Boynton. Enviaron a uno de los sirvientes para que anunciase a la anciana
que la cena estaba servida. Entonces, hubo una repentina conmoción afuera. Dos
criados muertos de miedo entraron corriendo y, visiblemente excitados, le dijeron algo
en árabe al guía.
Mahmoud dirigió una inquieta mirada a su alrededor y salió. Impulsivamente,
Sarah fue detrás de él.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó.
- La vieja señora - replicó -. Abdul dice está enferma... no puede mover.
- Echaré un vistazo.
Sarah aceleró el paso. Siguiendo a Mahmoud, escaló por la roca y caminó hasta que
llegó junto a la voluminosa figura de la señora Boynton. Cogió una de sus fláccidas
manos y le tomó el pulso. No lo encontró. Se inclinó sobre ella...
Cuando se incorporó, estaba muy pálida. Volvió sobre sus pasos hasta la carpa.
Antes de entrar, se detuvo un momento, contemplando el grupo reunido al otro
extremo de la mesa. Cuando habló, su propia voz le sonó brusca y artificial.
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