Cita con la muerte (Agatha Christie) - pág.62
Indice General
|
Volver
Página 62 de 165
la vida. Bajo la decencia y las convenciones de la vida cotidiana, yace un amplio
contingente de cosas extrañas. Existe, por ejemplo, el placer de la crueldad por la
crueldad. Pero cuando ya se ha encontrado eso, todavía queda algo más profundo. El
deseo, íntimo y penoso, de ser apreciado. Si eso se ve frustrado, si debido a su
desagradable personalidad un ser humano es incapaz de obtener la respuesta que
necesita, recurre a otros métodos (tiene que ser sentido, tiene que ser considerado), y
por lo tanto desarrolla innumerables y extrañas perversiones. El hábito de la crueldad,
como cualquier otro, puede ser cultivado, puede agarrar a uno...
El señor Cope tosió.
- Creo que exagera usted un poco, doctor Gerard. Verdaderamente, el aire aquí
arriba es demasiado maravilloso...
Se alejó. Gerard sonrió levemente. Volvió a mirar a Sarah. Tenía el ceño fruncido,
su cara tenía una expresión de juvenil severidad. Parecía, pensó Gerard, un joven juez
deliberando acerca de una sentencia...
Se volvió al tiempo que la señorita Pierce se le acercaba tropezando.
- Vamos a bajar - anunció -. ¡Oh, Dios mío! Estoy segura de que nunca lo conseguiré,
pero el guía dice que el camino de bajada va por otro lado y es más fácil. Espero que así
sea, porque desde que era pequeña nunca he sido capaz de mirar hacia abajo desde las
alturas...
El descenso se llevó a cabo siguiendo una cascada. Aunque había muchas piedras
sueltas que podían provocar torceduras de tobillo, el camino no ofrecía vistas que
pudiesen producir vértigo.
El grupo llegó al campamento cansado, pero de muy buen humor y con mucho
apetito. Pasaban de las dos.
Los Boynton estaban en la carpa, sentados a la mesa. En ese momento terminaban
de comer.
Lady Westholme se dignó dedicarles un comentario en su tono más
condescendiente.
- Ha sido una mañana de lo más interesante - dijo -. Petra es un lugar maravilloso.
Estas palabras parecían dirigidas a Carol, que lanzó una rápida mirada a su madre
y murmuró:
- ¡Oh, sí, sí!
Después volvió a hundirse en el silencio.
Lady Westholme, sintiendo que ya había cumplido con su obligación, concentró su
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-165
|