Cita con la muerte (Agatha Christie) - pág.53
Indice General
|
Volver
Página 53 de 165
hábilmente cambió de tema.
- Uno no puede evitar el pensar que ojalá hubiera un poco de sombra - murmuró -.
Pero, sinceramente, pienso que todo este vacío es tan hermoso, ¿no le parece?
Sarah asintió.
Sí, pensaba, el vacío era maravilloso. Curativo, pacificador. Nadie que pudiera
perturbarla con agotadoras relaciones interpersonales. ¡Ningún ardiente problema
íntimo! En ese momento, por fin, se sentía libre de los Boynton. Libre de aquel extraño
y compulsivo deseo de interferir en las vidas de personas cuya órbita no tocaba la suya
ni siquiera remotamente. Se sintió tranquila y pacificada. Allí estaba la soledad, el
vacío, el espacio... En definitiva, la paz.
Sólo que, por supuesto, no estaba sola para disfrutarla. Lady Westholme y el doctor
Gerard habían acabado con las drogas y, en ese momento, discutían acerca de las
muchachas inocentes que eran exportadas clandestinamente a los cabarets de
Argentina. A lo largo de la conversación, el doctor Gerard había hecho gala de una
frivolidad que lady Westholme, carente de todo sentido del humor, como verdadera
mujer de la política que era, encontró absolutamente deplorable.
- ¿Seguimos adelante? - sugirió el guía, y volvió a empezar con las iniquidades de los
judíos.
Faltaba aproximadamente una hora para el crepúsculo cuando, por fin, llegaron a
Maan. Extraños hombres de expresión feroz formaron una multitud alrededor del
coche. Después de un breve alto en el camino, continuaron el viaje.
Observando el llano y desértico paisaje, Sarah se sentía perpleja y se preguntaba
dónde podría estar la rocosa fortaleza de Petra. Se divisaban kilómetros y kilómetros a
su alrededor. No había montañas ni colinas por ninguna parte. ¿Faltaba mucho
todavía para el final del viaje?
Llegaron al poblado de Ain Musa, donde debían dejar los coches. Había unos
caballos aguardándolos, unos animales delgados y de aspecto lastimoso. Lo inadecuado
de su vestido supuso una gran molestia para la señorita Pierce. Lady Westholme iba
ataviada con pantalones de montar, que si bien no embellecían precisamente su figura,
eran sin lugar a dudas muy prácticos.
Guiaron a los caballos fuera del poblado por un camino resbaladizo lleno de cantos
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-165
|