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Cita con la muerte (Agatha Christie) - pág.14

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Estaba muy lejos del Hotel Salomón, de Jerusalén. Al doctor Gerard le recordaba
algo... De pronto, se acordó. Era la extraña y ultraterrena sonrisa de las doncellas de
la Acrópolis de Atenas, algo lejano, encantador y un poco inhumano... La magia de su
sonrisa, su exquisita fijeza, le hicieron sentir una punzada.
Y entonces, con cierto sobresalto, Gerard reparó en sus manos. Las tenía bajo la
mesa, ocultas a la vista del grupo que la rodeaba, pero Gerard podía verlas claramente
desde el lugar en el que estaba sentado. Sobre su regazo, destrozaban un pañuelito y lo
convertían en finas tiras.
Esta visión hizo que se estremeciera. La vaga y lejana sonrisa... el cuerpo inmóvil...
y las manos destructoras.



CAPÍTULO IV
Sonó una lenta y asmática tos... Luego la monumental tejedora habló:
- Ginebra, estás cansada. Es mejor que te vayas a la cama.
La joven se sobresaltó; sus dedos interrumpieron su mecánica acción.
- No estoy cansada, mamá.
Gerard apreció la musicalidad de su voz. Tenía esa dulce y cantarina tonalidad que
presta encanto a las más convencionales expresiones.
- Sí lo estás. Yo lo sé. No creo que mañana puedas salir a visitar nada.
- ¡Sí que podré! Estoy perfectamente.
Con voz ronca, casi áspera, su madre replicó:
- No, no lo estás. Estás a punto de ponerte enferma.
- ¡No, no!
La muchacha empezó a temblar violentamente.
Una voz suave y serena intervino.
- Subiré contigo, Jinny.
La joven, de grandes y pensativos ojos grises y cabello oscuro, se puso en pie.
La anciana señora Boynton dijo:
- No. Deja que vaya sola a su habitación.
La muchacha protestó:
- ¡Quiero que Nadine venga conmigo!
- Claro que te acompañaré.
Dio un paso adelante.
- La niña prefiere ir sola, ¿verdad, Jinny? - dijo la vieja.
Hubo una pausa, que duró apenas un momento, y entonces Ginebra Boynton, con
voz súbitamente apagada, dijo:
- Sí, prefiero ir sola. Gracias, Nadine.
Se alejó. Su alta y angular figura se movía con una gracia sorprendente.
El doctor Gerard bajó el periódico y miró a placer a la señora Boynton.


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