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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.195

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Hay que considerar que lo más importante para él era que seguía queriéndola. Se puso
a trabajar para reconstruir su vida. Era un hombre hábil, y como su nueva profesión
cuadraba con su temperamento, pronto llegó a ser célebre en su especialidad. Pero
nunca se olvidó de la pasión que gobernaba su vida. Estuvo constantemente informado
de los movimientos de su mujer; determinado, ante todo, a que no perteneciera a otro
hombre. Recuerden la descripción que del carácter de Frederick hizo la señora Leidner
a la enfermera Leatheran. Era dulce y amable, pero despiadado. Siempre que lo
juzgaba necesario, despachaba un anónimo. Imitó alguno de los rasgos de la escritura
de su mujer por si a ésta se le ocurría presentar los anónimos a la policía. Las mujeres
que se dirigen a sí mismas anónimos de carácter sensacional son un fenómeno tan
corriente que, dada la semejanza de la caligrafía, la policía no tendría duda alguna
sobre la procedencia de las cartas. Con ello, al mismo tiempo, Leidner seguía
manteniendo la incertidumbre de su mujer acerca de si estaba vivo.
"Por fin, al cabo de muchos años, estimó que había llegado la hora de volver a
entrar en la vida de ella. Todo fue bien. Su mujer no llegó a sospechar cuál era su
verdadera identidad. Era un hombre conocidísimo en los medios científicos. El joven
erguido y de buena presencia de antes era entonces un hombre de mediana edad,
cargado de hombros, que llevaba barba. Y vemos cómo se repite la historia. Frederick
es capaz de dominar a Louise, tal como hizo años antes. Ella consiente, por segunda
vez, en casarse con él. Ninguna carta vino a romper el compromiso.
"Pero, poco después se recibe una de ellas. ¿Por qué?
"Creo que el doctor Leidner no quería dejar nada al azar. La intimidad del
matrimonio podía despertar en ella ciertos recuerdos capaces de desbaratar sus
planes. Deseaba grabar en la mente de su esposa, de una vez para siempre, que Eric
Leidner y Frederick Bosner eran dos personas diferentes por completo. Y a tal efecto
se recibió uno de los anónimos, que escribió el primero por cuenta del segundo.


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