Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.176
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amenazadoras. Creo que un hombre obsesionado como él, hubiera hecho eso.
«Pero en lugar de ello nada se supo de Frederick hasta hace cerca de dos años,
cuando volvieron a recibirse los anónimos.
"Por qué volvieron a recibirse?
"Es una pregunta difícil, aunque puede contestarse sencillamente diciendo que la
señora Leidner se aburría y necesitaba más drama. Pero yo no estaba satisfecho
completamente con tal explicación. Esta particular clase de drama me parecía un poco
demasiado vulgar para que coincidiera con su personalidad, tan refinada.
"La única cosa que cabía hacer era mantener un amplio criterio sobre la cuestión.
"Existían tres posibilidades bien definidas. Primera, que las cartas hubieran sido
escritas por la propia señora Leidner; segunda, que su autor fuera Frederick Bosner, o
el joven William Bosner, y tercera, que hubieran sido escritas al principio, bien por la
señora Leidner o bien por su primer marido, pero ahora se trataba de falsificaciones.
Es decir, que el autor fuera una tercera persona que estuviera enterada de la
existencia de las primitivas cartas.
"Ahora voy a considerar directamente el ambiente que rodeaba a la señora Leidner.
"Examinaré primero las oportunidades que cada componente de la expedición había
tenido de cometer el asesinato.
"A simple vista, cualquiera pudo llevarlo a cabo, con la excepción de tres personas,
por lo que se refiere a oportunidades.
"El doctor Leidner, según irrefutables testimonios, no bajó en ningún momento de
la azotea. El señor Carey estuvo en las excavaciones y el señor Coleman fue a
Hassanieh.
"Pero estas coartadas, amigos míos, no eran tan buenas como parecían. Exceptúo al
doctor Leidner. No hay ninguna duda de que estuvo en la azotea y no bajó de ella
hasta una hora y cuarto después de cometido el crimen.
"Pero, ¿podría estar seguro de que el señor Carey estuvo entretanto en las
excavaciones?
"¿Y estaba el señor Coleman en Hassanieh, al tiempo que ocurría el asesinato?
El señor Coleman enrojeció, abrió la boca, la volvió a cerrar y miró a su alrededor.
La expresión de la cara del señor Carey no cambió en absoluto.
Poirot prosiguió suavemente:
- Tomé en consideración también a otra persona que, según opiné, era
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