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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.150

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En ocasiones se encuentra una dispuesta a imaginar toda clase de sandeces.
Vagué por la habitación, desosegada, tocando una cosa aquí y otra allá . Aunque en
el cuarto no quedaban más que los muebles pelados. Nada se había deslizado detrás de
los cajones ni había quedado escondido. No sé qué esperaba encontrar.
Al final, como si no me encontrara bien de la cabeza, hice una cosa extravagante.
Me acosté en la cama y cerré los ojos.
Traté de olvidar deliberadamente quién era y qué hacía allí. Procuré que mi
pensamiento volviera a la tarde del crimen. Yo era la señora Leidner, tendida allí,
descansando pacíficamente, sin sospechar nada.
Es curiosa la forma en que puede llegar a excitarse la imaginación.
Yo soy una persona perfectamente normal y práctica, que no se deja asaltar
fácilmente por la fantasía; pero puedo asegurar que después de estar allí tendida
durante unos cinco minutos, empecé a imaginar cosas.
No traté de resistir. Animé aquel sentido con toda deliberación.

Me dije:
- Yo soy la señora Leidner. Soy la señora Leidner. Estoy aquí tendida... medio
dormida. Dentro de poco... dentro de muy poco... la puerta empezar a abrirse.
Seguí diciéndome aquello, como si estuviera hipnotizándome.
- Son cerca de la una y media... es justamente la hora...
La puerta se abrirá ... La puerta se abrirá ... Veré quién entra...
Seguí con la vista fija en la puerta. Dentro de poco se abriría. La vería abrirse y
vería también la persona que entrara.
Debí estar un poco fuera de mí, para imaginar que pudiera resolver el misterio de
aquella forma.
Pero entonces estaba convencida de que lo conseguiría. Una especie de soplo helado
pasó por mi espalda y quedó fijo en mis piernas. Las tenía entumecidas... paralizadas.
- Vas a quedarte en trance - me dije -. Y entonces, verás...
Y de nuevo repetí monótonamente, como inconsciente, una y otra vez:
- La puerta se abrirá ... la puerta se abrirá ...
El entumecimiento se acentuó.
Y entonces, lentamente, vi como la puerta empezaba a abrirse.
Fue horrible. Nunca conocí nada tan pavoroso.


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