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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.135

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Página 135 de 200


Si he
de serle sincero, le confieso que la señora Leidner y yo nunca llegamos a entendernos
muy bien. No quiero decir con ello que fuéramos enemigos; pero tampoco éramos
amigos. Ella tal vez estaba un poco celosa de mi antigua amistad con su marido. Y por
mi parte, aunque la miraba mucho y opinaba que era una mujer atractiva en extremo,
estaba un poco resentido por la influencia que ejercía sobre Leidner. Como
consecuencia de ello, éramos muy corteses el uno con el otro, pero no llegamos a
intimar.
- Admirablemente explicado - dijo Poirot.
Sólo podía verles la cabeza. Observé cómo la del señor Carey se volvía bruscamente,
como si algo en el tono de monsieur Poirot le hubiera afectado desagradablemente.
El detective prosiguió:
- ¿No estaba disgustado el señor Leidner al ver que usted y su esposa no se llevaban
bien?
Carey titubeó un momento antes de contestar.
- En realidad...no estoy seguro. Nunca dijo nada sobre ello. Siempre confié en que no
lo notara. Estaba muy absorto en su trabajo.
- La verdad, por lo tanto, y de acuerdo con lo que ha dicho, es que a usted no le
gustaba la señora Leidner.
Carey se encogió de hombros.
- Tal vez me hubiera gustado mucho más si no hubiera estado casada con Leidner.
Rió, como divertido por su propia declaración.
Poirot estaba arreglando un montoncito de trozos de cerámica. Con voz distraída
dijo:
- Hablé esta mañana con la señorita Johnson. Admitió que sentía prejuicios contra
la señora Leidner y que no le gustaba mucho; pero se apresuró a declarar que había
sido siempre muy amable con ella.
- Yo diría que eso es completamente cierto - observó Carey.
- Así lo creo yo también. Luego hablé con la señora Mercado. Me contó, a grandes
rasgos, de qué modo quería a la señora Leidner y cuánto la admiraba.
El arquitecto no contestó y, después de aguardar unos instantes, Poirot prosiguió:
- Pero eso... ¡no lo creo! Luego he hablado con usted y lo que me ha contado...bien,
bien... tampoco lo creo...
Carey se irguió. Pude oír su tono colérico al hablar.


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