Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.130
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Era difícil bajar hasta ellos, pues sólo había una pequeña senda, a manera de
escalera, y los hombres que acarreaban tierra bajaban y subían por ella
constantemente. Parecían ser ciegos como murciélagos, y no se les ocurrió apartarse
para dejarnos pasar.
Seguí a Poirot en nuestro camino de descenso. De pronto me habló por encima del
hombro.
- ¿El señor Mercado es zurdo o diestro?
¡Vaya una pregunta disparatada!
Reflexioné un momento.
- Diestro - dije con decisión.
Poirot no se dignó explicar el motivo de su pregunta.
Continuó el descenso y le seguí.
El señor Mercado pareció alegrarse al vernos. Su cara larga y melancólica se
iluminó.
Monsieur Poirot demostró un interés por la arqueología que estoy segura no tenía
nada de verdadero; pero el señor Mercado se apresuró a satisfacer plenamente su
curiosidad.
Nos explicó que habían cortado ya doce niveles, ocupados todos ellos por
edificaciones.
- Ahora estamos definitivamente en el cuarto milenio - dijo con entusiasmo.
Siempre creí que un milenio era cosa del futuro... cuando todo iría bien.
El señor Mercado nos enseñó unas capas de cenizas que se veían en el corte de la
excavación. ¡Cómo le temblaba la mano! Me pregunté si tendría la malaria. Luego nos
explicó los cambios que se notaban en la clase de cerámica que encontraban. Y nos
contó cosas acerca de los enterramientos. Uno de los niveles estaba compuesto, casi en
su totalidad, por tumbas de niños. Nos relató después algunas cosas sobre la posición
encorvada y la orientación, lo cual, según me pareció, debía referirse a la forma en que
estaban dispuestos los huesos. Y de pronto, cuando nos inclinábamos para coger una
especie de cuchillo de sílice que estaba al lado de varios cacharros, en un rincón, el
señor Mercado dio un salto y lanzó un grito.
Dio la vuelta y se encontró con que Poirot y yo le contemplábamos asombrados.
Se cogió el brazo izquierdo con la mano.
- Algo me ha picado...como si fuera un alfiler al rojo vivo.
Poirot pareció animado inmediatamente por una súbita energía:
- Pronto, mon cher, vamos.
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