Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.129
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Además, no tuve suerte en una o dos
ocasiones. Siempre fui desafortunado cuando traté de hacer algo por ella. Temo que le
disgusté con mi poca habilidad. Pero no era mi intención... Hubiera hecho cualquier
cosa...
Poirot se apiadó de sus vacilaciones.
- Perfectamente... perfectamente. Pasemos a otra cosa. ¿Reinaba un ambiente feliz
entre ustedes?
- ¿Qué decía?
- ¿Eran todos felices? ¿Reían y hablaban?
- No... no era eso exactamente. Había un poco de... tirantez.
Se detuvo, como si luchara consigo mismo, y dijo:
- No sé desenvolverme muy bien en sociedad. Soy desmañado y tímido. El doctor
Leidner siempre fue amable conmigo. Pero... es estúpido por mi parte... no puedo
sobreponerme a mi timidez. Siempre digo las cosas en el momento menos apropiado.
Derramo las jarras de agua. No tengo suerte.
Parecía, realmente, un muchacho desgarbado.
- Todos hacemos eso cuando somos jóvenes – aseguró Poirot, sonriendo -. El reposo,
el savoir faire, vienen después.
Nos despedimos y seguimos nuestro camino
- Este joven, ma soeur, o es un muchacho sencillo en extremo, o bien es un
consumado actor.
No contesté. Me sentí sobrecogida, una vez más, por la sensación de que una de
aquellas personas era un asesino despiadado. Pero en una mañana tranquila y soleada
como aquélla casi parecía imposible una cosa así.
CAPÍTULO XXI
El señor Mercado y Richard Carey
- Ya veo que trabajaban en dos sitios diferentes - observó Poirot deteniéndose.
El señor Reiter había estado fotografiando una de las partes exteriores de las
excavaciones. A poca distancia de nosotros un grupo de hombres acarreaba cestos de
tierra de un lado a otro.
- Eso es lo que llaman el "corte vertical" - expliqué -. No encuentran ahí muchas
cosas. Nada más que cerámica rota. Pero el doctor Leidner dice que es muy
interesante, y supongo que así será.
- Vamos allá.
Caminamos juntos lentamente, pues el sol calentaba.
El señor Mercado estaba al frente de los trabajadores. Lo vimos a nuestros pies,
hablando con el capataz, un viejo con aspecto de tortuga, que usaba una chaqueta
sobre su túnica de algodón rayada.
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