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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.122

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.. como mujer.
- ¡Hum!... - refunfuñó ella -. He de advertirle en primer lugar, monsieur Poirot, que
siento grandes prejuicios contra ella. Tanto yo como todos los demás, queríamos mucho
al doctor Leidner. Y creo que sentimos celos cuando vino su mujer. No nos sentó bien el
que ella le absorbiera parte de su tiempo y su atención. Nos molestaba la devoción que
él le demostraba. Le estoy contando la verdad, monsieur Poirot, y no me resulta muy
agradable, se lo aseguro. No me agradaba la presencia de ella aquí; aunque, como es
lógico, no traté de demostrarlo nunca. Su presencia hacía que para nosotros todo fuera
diferente.
- ¿Nosotros? ¿Dijo usted "nosotros"?
- Me refería al señor Carey y a mí. Éramos los dos veteranos. No nos preocupaba
mucho el nuevo orden de cosas. Y supongo que es natural, aunque quizá fuéramos un
poco mezquinos en ello, pero todo nos parecía ya diferente.
- ¿De qué forma?
- ¡Oh! En todas... Antes solíamos pasarlo muy bien. Nos divertíamos, nos
gastábamos bromas, como acostumbra a hacer la gente que trabaja junta. El doctor
Leidner era alegre... como un muchacho.
- ¿Y la llegada de la señora Leidner lo cambió todo?
- Yo creo que no fue culpa suya. El año pasado no nos fue mal del todo. Y por favor,
créame, monsieur Poirot, ella no hizo nada. Siempre fue muy amable conmigo... muy
amable. Por eso a veces me siento avergonzada. No tenía ella la culpa de que algunas
cosas que hiciera o dijera me sentaran mal. Si he de decir la verdad, pocas personas
podían ser más agradables que ella.
- Pero, a pesar de todo, las cosas cambiaron esta temporada, ¿verdad? El ambiente
era diferente.
- Por completo. No sé a qué atribuirlo. Todo parecía ir mal; no respecto al trabajo,
sino a nosotros. Teníamos mal humor y los nervios de punta. Algo así como lo que se
siente cuando amenaza tormenta. Nunca había sucedido antes de venir ella - replicó
secamente la señorita Johnson -. ¡Oh! Soy una vieja gruñona. Soy conservadora, no me
gusta que cambien las cosas.


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