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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.120

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Página 120 de 200



Me quedé sola con él durante un minuto, pero antes de que me decidiera a iniciar
mi relato, se inclinó y me murmuró al oído varias instrucciones.
- Debo hablar con la señorita Johnson y tal vez con otros, en la sala de estar. ¿Tiene
todavía la llave de la habitación de la señora Leidner?
- Sí - dije.
- Très bien. Vaya allí, cierre la puerta cuando haya entrado y dé un grito. No un
alarido, solamente un grito. ¿Comprende lo que quiero decir? Deseo que exprese
alarma y sorpresa, pero no un terror desmedido. Dejo a su elección la excusa que debe
dar si la oyen. Que ha pisado algo, por ejemplo.
Supongo que quiso decir "ha tropezado con algo"??.
En aquel momento salió la señorita Johnson al patio y no hubo tiempo para más.
Comprendí perfectamente lo que se proponía monsieur Poirot. Tan pronto como él y
la señorita Johnson entraron en la sala de estar, me dirigí a la habitación de la señora
Leidner, abrí la puerta, entré y cerré. Les aseguro que me pareció un poco ridículo
entrar en una habitación vacía, y, sin motivo alguno, lanzar un grito. Además, no era
fácil saber con certeza qué fuerza debía darle. Lancé un ¡Oh! bastante sonoro. Lo
repetí después en tono más alto y luego con menos intensidad.
Salí al patio y me dispuse a contar que había "pisado" algo.
Pero pronto me di cuenta de que no hacía falta excusa alguna. Poirot y la señorita
Johnson hablaban animadamente y nada parecía demostrar que habían interrumpido
la conversación en algún momento.
"Bueno - pensé -, esto aclara la cuestión. O bien la señorita Johnson se imaginó que
había oído un grito, o bien se trató de otra cosa completamente diferente."
No quería entrar en la sala de estar e interrumpirles. Había una tumbona en el
porche y tomé asiento en ella. Sus voces llegaban hasta mí.
- Como comprenderá, la situación es muy delicada - estaba diciendo Poirot -. No hay
duda de que el doctor Leidner... adoraba a su esposa...
- De eso no hay ninguna duda - aseguró la señorita Johnson.


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