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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.114

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¡Qué coincidencia!
- ¿No ser indiscreción preguntarle si su hija tiene cierta tendresse por alguno de los
jóvenes de la expedición?
- No lo creo. Emmott y Coleman le hacen la corte. No creo que a ella le importe uno
más que el otro. Tenemos también a un par de chicos que pertenecen a las Fuerzas
Aéreas. Supongo que, por ahora, tiene la red llena de pescado. Pero estoy seguro de
que lo que le molesta es que la edad derrote a la juventud. No sabe tanto como yo sobre
el mundo. Cuando se llega a mi edad se da cuenta uno realmente de lo que vale la tez
de una muchacha joven, unos ojos alegres y un cuerpo firme y ágil. Pero una mujer que
haya pasado de los treinta años puede escuchar con toda atención y proferir una
palabra, de vez en cuando, con la que demuestra su admiración hacia el que habla...
eso, pocos jóvenes lo resisten. Sheila es bonita... pero Louise Leidner era hermosa.
Tenía unos ojos que daba gloria verlos y una sorprendente belleza dorada. Sí; era una
mujer bellísima.
Eso pensé yo misma. La hermosura es una cosa maravillosa. Había sido hermosa.
Pero no tenía ese aspecto que incita a los celos; sólo hacía que una se recreara
mirándola de continuo. El primer día que la conocí pensé que estaría dispuesta a hacer
cualquier cosa por la señora Leidner.
Mas de todas formas, aquella noche, cuando regresaba a Tell Yarimjah, después de
haber cenado en casa del doctor Reilly, recordé una o dos cosas que me hicieron sentir
incómoda. Cuando Sheila Reilly lanzó su perorata, no había creído yo ni una de las
palabras que dijo. Las tomé como producto de su rencor y malicia. Pero, de pronto, me
acordé de la forma en que la señora Leidner había insistido en marcharse sola a dar
un paseo, y de qué modo no quiso que la acompañara. No pude menos que
preguntarme si no habría ido al encuentro del señor Carey. Y, además, era un poco
rara la manera cortés como se trataban ellos, ya que Louise tuteaba casi a todos los


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