Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.88
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Parece altamente probable que correspondan a una misma mano. Pero no tenemos la
certeza de ello. Debemos tener en cuenta todas las contingencias.
Se recostó en su asiento y dijo pensativamente:
- Hay tres posibilidades: primera, que la semejanza de las caligrafías sea pura
coincidencia. Segunda, que estas cartas amenazadoras fueran escritas por la propia
señora Leidner con un propósito que desconocemos. Y tercera, que fueran escritas por
alguien que, deliberadamente, copió sus rasgos. ¿Por qué? Parece que no tiene sentido.
Una de estas tres posibilidades tiene que ser la correcta.
Reflexionó durante unos momentos y luego, volviéndose hacia el doctor Leidner, y
empleando de nuevo sus maneras vivaces, preguntó:
- Cuando se le hizo patente la posibilidad de que su propia esposa fuera la autora de
estas cartas, ¿qué teoría formó usted sobre sus causas?
El doctor Leidner sacudió la cabeza.
- Deseché la idea tan pronto como se me ocurrió. Me pareció monstruosa.
- ¿No trató de encontrar una explicación?
- Pues - titubeó -. Me pregunté si acaso la mente de mi mujer no estaría un poco
trastornada por culpa de sus rarezas y cavilaciones sobre el pasado. Pensé que,
posiblemente, hubiera escrito ella misma las cartas sin darse cuenta de lo que hacía.
Eso puede darse, ¿verdad? - añadió, dirigiéndose al doctor Reilly.
El interpelado frunció los labios.
- El cerebro humano es capaz de cualquier cosa - replicó evasivamente.
Pero dirigió una rápida mirada a Poirot, y éste, como si obedeciera una indicación,
abandonó aquel tema.
- Las cartas son un punto interesante del caso - explicó -. Pero debemos
concentrarnos en el asunto, considerándolo como un todo. En mi opinión, existen tres
posibles soluciones.
- ¿Tres?
- Sí. Solución número uno; la más simple. El primer marido de su esposa vive
todavía. La amenazó previamente y luego llevó a efecto sus amenazas. Si aceptamos
esta solución se nos plantea el problema de descubrir cómo pudo entrar en la casa sin
ser visto.
"Solución número dos. La señora Leidner, por razones que ella sabría, las cuales
podrían ser entendidas mejor por un médico que por un profano, se dirige a ella
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