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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.59

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Me incliné sobre ella. Estaba muerta; debía de haber muerto hacía una hora, por lo
menos. La causa de la muerte estaba perfectamente clara. Un terrible golpe en la
frente, justamente sobre la sien derecha. Debió levantarse de la cama y la derribaron
donde ahora yacía.
La toqué lo estrictamente necesario.
Di una ojeada a la habitación, por si veía algo que pudiera constituir una pista, pero
nada parecía estar fuera de su sitio o en desorden. No había ningún sitio en que el
asesino pudiera estar oculto. Era evidente que el culpable se había marchado algún
tiempo antes.
Salí y cerré la puerta.
El doctor Leidner se había desmayado. David Emmott estaba junto a él y se volvió a
mirarme con cara pálida y expresión interrogante.
En pocas palabras le puse al corriente de la situación. Como siempre sospeché, era
una persona en quien podía confiarse cuando las cosas no iban bien. Tenía una calma
perfecta y sabía dominarse. Sus ojos azules se abrieron de par en par, pero aparte de
ello no hizo otro aspaviento.
Recapacitó durante un momento y luego dijo:
- Supongo que debemos avisar a la policía lo más pronto posible. Bill regresará de
un momento a otro. ¿Qué hacemos con Leidner?
- Ayúdeme a llevarlo a su habitación.
Asintió.
- Será mejor cerrar con llave esa puerta - observó.
Dio la vuelta a la llave y me la entregó después.
- Creo que es mejor que se quede usted con ella, enfermera. Vamos.
Entre ambos recogimos al doctor Leidner y lo llevamos hasta su propia habitación,
acostándole en la cama.
El señor Emmott salió a buscar coñac. Volvió acompañado por la señorita Johnson.
La cara de esta última tenía un aspecto conmovido e inquieto, pero conservaba la
calma y su competencia, por lo que quedé satisfecha de dejar al doctor Leidner en sus
manos.
Salí corriendo al patio. La "rubia" entraba en aquel momento por el portalón. Creo
que nos dio a todos un sobresalto el ver la cara sonrosada y alegre de Bill, quien al
saltar del coche, lanzó su familiar:
- ¡Hola, hola, hola! ¡Aquí traigo la tela! No me han atracado por el camino.


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