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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.57

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Página 57 de 200



Nuevas ideas pasaron por mi imaginación.
¿Acaso era la propia señora Leidner quien había escrito aquellas cartas?
¿Y quizá lo sospechaba el doctor Leidner?

CAPÍTULO X
El sábado por la tarde

La señora Leidner me contó su historia el viernes por la
tarde.
El sábado por la mañana, sin embargo, se notaba en el ambiente una ligera
sensación de reserva. La señora Leidner, en particular, parecía dispuesta a ser un
tanto brusca conmigo y de una forma ostensible evitaba toda posibilidad de
conversación. Aquello no me sorprendía. Me había ocurrido más de una vez. Hay
señoras que revelan ciertas cosas a sus enfermeras en un momento de repentina
confidencia y luego no se sienten satisfechas de haberlo hecho. Son cosas de la
naturaleza humana.
Tuve mucho cuidado de no insinuar ni recordar nada de lo que ella me había
contado. Deliberadamente hice que la conversación versara sobre tópicos comunes. El
señor Coleman, conduciendo él mismo la "rubia", se fue a Hassanieh por la mañana,
llevándose las cartas en una mochila. También tenía que hacer uno o dos encargos por
cuenta de los demás compañeros de expedición. Era el día en que cobraban los
trabajadores y el señor Coleman debía ir al banco para retirar en moneda fraccionaria
el importe de los jornales. Todo aquello le llevaría mucho tiempo y no esperaba estar
de vuelta hasta la tarde. Sospeché que almorzaría con Sheila Reilly.
La tarde de los días en que se pagaban los jornales, el trabajo en las excavaciones
no era muy intenso, pues los peones empezaban a cobrar a partir de las tres y media.
El muchacho árabe, llamado Abdullah, cuya ocupación consistía en lavar cacharros,
estaba, como de costumbre, instalado en mitad del patio y salmodiaba
interminablemente su monótona y nasal cantinela. El doctor Leidner y el señor
Emmott habían anunciado su propósito de trabajar con los objetos de cerámica hasta
que volviera Coleman, y el señor Carey se dirigió a las excavaciones.
La señora Leidner entró en su dormitorio para descansar. La acomodé como
siempre y luego me fui a mi habitación. Me llevé un libro, pues no tenía mucho sueño


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