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Asesinato en Mesopotamia (Agatha Christie) - pág.53

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Página 53 de 200



- Ya lo sé. Ese muchacho puede haber dedicado su vida a la venganza.
- Continúe, por favor.
- No me queda mucho por decir. Conocí a Eric hace tres años. No quería volver a
casarme, pero Eric me hizo cambiar de opinión. Hasta el día de nuestra boda estuve
esperando una de las cartas amenazadoras. Pero no llegó ninguna. Supuse que, o bien
el que escribía había muerto o se había cansado de su cruel diversión. Pero a los dos
días de casada, recibí ésta.
Atrajo hacia sí una pequeña cartera que había sobre la mesa; la abrió y sacó de ella
una carta que me entregó. La tinta tenía un tono desvaído. La letra era más bien de
estilo femenino, de trazos inclinados.
"Has desobedecido y ahora no te escaparás. ¡Sólo
debes ser la esposa de Frederick Borner! Tienes que
morir."
- Me asusté, pero no tanto como en ocasiones anteriores. La compañía de Eric me
daba una sensación de seguridad. Luego un mes más tarde, recibí una segunda carta.
"No lo he olvidado. Estoy madurando mis planes.
Tienes que morir. ¿Por qué has desobedecido?"
- ¿Su esposo está enterado de esto? - pregunté.
La señora Leidner contestó lentamente.
- Sabe que me han amenazado. Le enseñé las dos cartas cuando recibí la segunda de
ellas. Opinó que se trataba de una burla. O que se trataba de alguien que quería
hacerme objeto de explotación con el pretexto de que mi primer marido estaba vivo.
Hizo una pausa y luego prosiguió:
- Unos pocos días después de recibir la segunda carta estuvimos a punto de morir
asfixiados. Alguien entró en nuestro apartamento, cuando estábamos durmiendo, y
abrió la llave del gas. Por fortuna, me desperté y me di cuenta a tiempo. Aquello me
hizo perder la entereza. Le conté a Eric que durante años me había visto perseguida y
le aseguré que aquel loco, quienquiera que fuese, estaba realmente dispuesto a
matarme. Creo que, por vez primera, tuve la certeza de que era Frederick. Hubo
siempre, detrás de su afectuosidad, un fondo despiadado. Creo que Eric se alarmó


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